Mientras Bob Dylan se da el caprichoso gusto de grabar canciones del repertorio de Frank Sinatra –los discos Shadows in the Night (2012) y Fallen Angels (2016) así lo manifiestan–, Eric Clapton sigue fiel a lo suyo: el blues, el rock clásico, el soul, el reggae et al).

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Still I Do (Surfdog Records, 2016) es la nueva entrega discográfica del septuagenario guitarrista británico y cuenta con una sorpresa muy afortunada: la presencia de Glyn Johns como productor. Sí, el mismo que le produjo a Clapton el que quizá sea su mejor álbum como solista, el mítico Slowhand de 1977.

El buen Eric no se complica la vida y sigue grabando alegremente esa música que siempre le ha gustado. Lo hace con un placer evidente que se refleja en cada uno de los doce cortes del nuevo plato, en su mayoría versiones de temas ajenos (sólo dos son suyos).

Así, podemos escuchar composiciones de sus amados Robert Johnson (“Stones in My Passway”) y JJ Cale (“Can’t Let You Do It” y “Somebody’s Knocking”), lo mismo que de Bob Dylan (“I Dreamed I Saw St. Augustine”) y de los legendarios blueseros Skip James (“Cypress Grove”) y Leroy Carr (“Alabama Woman Blues”), todas ellas fantásticas.

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En cuanto a las dos canciones de su autoría (“Spiral”) y (“Catch the Blues”), aunque no son las mejores del disco, sí resultan amables y disfrutables.

Entre los varios músicos que acompañan esta vez al londinense, destacan tres viejos amigos suyos: el guitarrista Andy Fairweather Low y los tecladistas Chris Stainton y Paul Carrack.

Un disco recomendable para los seguidores de Eric Clapton. Nada del otro mundo, pero vale la pena escucharlo.

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