Es un sábado de abril, el último del mes y la asistencia en el lugar es poca. Llega el momento de salir al escenario y lejos de amilanarse, Benjamín Schwartz solo dice. “Bien, vamos a divertirnos y a darlo todo”. Una hora y media después, la sensación es la de que Klezmerson no sólo ha dado todo; también ha confirmado ser una de las agrupaciones sonoras más propositivas e interesantes de la escena nacional, una de las razones que llevó a John Zorn, cabeza del sello Tzadik Records, a incluirlo en el Masada Book Two. Book of Angels, al lado de músicos como Pat Metheny, Marc Ribot y Abraxas, entre otros.

Días después de ese concierto, platicamos con Benjamín Schwartz, fundador, tecladista, violista y compositor de Klezmerson, acerca de su pasado musical y de su quehacer actual.

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¿Cómo nació Klezmerson?
Surgió en 2001 más o menos. En esa época escuchaba a John Zorn y mucha música cubana y de Centroamérica, porque mi familia es de Costa Rica y es la música que en ese momento se me hacía la más sincera. Estaba harto de escuchar lo mismo y harto también de las chambas en el estudio de producción de banditas de pop que alucinaba. Entonces me dije: “¿por qué estoy haciendo algo que no me gusta, por qué no mejor hago algo que me guste?” y allí se me abrió la cabeza. Tengo raíces judías, soy judío, vengo de una familia en la que el klezmer es la música tradicional que yo no había explorado y decidí explotarlo con mis raíces mexicanas. De allí salió la idea, pero la música es más sabia, solita se asienta. Nunca fue un proyecto, empezó siendo un experimento, un disco del cual mandé imprimir cien copias para mis amigos y uno de ellos se ofreció a maquilarlo y distribuirlo. Entonces se tuvo que formar una banda, porque el grupo no existía, existía un disco.

Después de ese primer disco homónimo, grabas Klezmerol (2008) en el cual aún no había un rumbo ni un concepto definidos.
En el primer disco no hay rolas originales, son temas tradicionales que tomé porque me gustan. Lo que pasó con Klezmerol es que tuve un episodio médico grave. Me fui de vacaciones y regresé con un parásito y estuve al borde de la muerte muchos meses en el hospital y al sanar tenía otras prioridades y una de ellas fue hacer más discos de Klezmerson. Entonces decidí hacer Klezmerol con música propia. La banda se empezó a formar allí y es donde realmente comenzó la propuesta.

Cuándo sientes que se consolida Klezmerson ¿con el álbum En vivo (2012) o con Siete (2011)?
Ciro Baptista vino a México a tocar en el Anthropology. Éramos como 50 personas y fue fantástico. Me acerqué a él y a Shanir Blumenkrantz (bajista) y les regalé el disco de Klezmerol. Lo que hizo Ciro fue llevárselo a Zorn, le interesó y propuso que hiciéramos un disco para Tzadik; música original mía, pero por pedido de Zorn. Allí Klezmerson agarró su forma definitiva, era ya ir con todo, como tren, y estaba más clara la tendencia y el estilo. Siento que es un disco muy bueno y muy maduro.

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Fue entonces que llegó la invitación para grabar Amon en el libro dos de Masada. The Book of Angels.
Es curioso porque pensé que con Siete ya había hecho el contacto con Zorn y cuando grabamos el álbum en vivo se lo mandé, pero su respuesta fue muy seca; en ese momento entendí mi lugar y creí que no estaba interesado en el grupo. Sin embargo, cuando vino a tocar con Moonchild me escribió y me dijo que quería platicar conmigo. De allí surgió Book of Angels. Cuando tocamos en el Festival Bestia (diciembre 2015), habló mucho del sentido de comunidad que s falla mucho en México, porque a mí me da la impresión de que aquí hay un sentido de competencia y yo interpreté lo que dijo Zorn en el sentido de que éramos una comunidad de músicos tocando este estilo de música, por eso me pareció que el Festival Bestia era la música de Zorn, tocada por diferentes personas.

Esta comunidad, ¿existe por el hecho de ser todos judíos?
A Zorn le interesa la cultura judía, pero no apoya solo a los judíos; hay músicos que lo son y otros que no. Evidentemente tiene una preferencia por la cultura judía, pero todo tiene que ver con la música, es la impresión que me da. No es determinante serlo, allí están los casos de Mike Patton o Ernesto Martínez (músico mexicano que también ha grabado para Tzadik Records). Entiendo que la línea de su disquera o el concepto de lo que está manejando tiene que ver con la tradición musical judía, reinterpretar esa tradición y la mejor manera de explotarla es buscando músicos que tengan la misma trayectoria.

¿Qué ha pasado en la vida de Klezmerson luego de Amon, cómo se benefició?
Que me hayan encargado Amon y haberlo hecho fue la confirmación de que se puede hacer música sin que sea guayabazo, bien chingona, si te lo propones y que no necesariamente tiene que ver con que vaya a sonar en la radio. Musicalmente aprendí muchísimo, él mandó melodías muy sencillas, pero tenía métricas muy raras y fue un reto musical. El cambio más radical que yo vi fue darme cuenta de que todavía se puede crecer y aprender musicalmente. Al grupo mucha gente en el mundo comenzó a conocerlo, obviamente no masivamente, y hemos tenido la fortuna de que nos inviten a tocar a diferentes partes del planeta. Klezmerson siempre ha salido a tocar, pero siempre son viajes planeados de una manera muy cautelosa, en los cuales tenemos que pedir apoyo de instituciones culturales, pero a partir de Amon surgieron propuestas en las que nos pagaron no sólo los traslados y el hospedaje, sino también lo que cobramos. Se ha cotizado mejor el grupo.

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¿Ha sido difícil mantener a Klezmerson?
Muy difícil porque Klezmerson es mi proyecto y siempre quise integrar a los músicos como parte de él, pero conforme pasa el tiempo y adquieres compromisos, las prioridades de todos cambian. Puede ser que el grupo esté muy unido en un momento porque nos fuimos de gira, pero de pronto surgen otros problemas (los integrantes más constantes en la vida de la banda han sido María Emilia Martínez, flauta; Chatrán González, percusión; Carina López, bajo, Federico Schmucler, guitarra). Klezmerson no es un negocio, nunca lo ha sido. Klezmerson me cuesta dinero, a veces se recupera y salgo a flote, pero si no le meto lana o esfuerzo, desaparece.

Ahora hay una invitación de John Zorn para hacer un tercer disco de Klezmerson.
Es el libro tres de Masada, el libro de la creación: The Book of Beriah y son diez discos, de diferentes músicos cada uno y que saldrán en un paquete. Este álbum lo encaro de otra forma, porque en Siete hablé de las supersticiones y en Amon de los ángeles. Ahora solo pienso en hacer música, ella es la que tiene que hablar, no hay ninguna explicación, ya no tengo que decir por qué Klezmerson hace lo que hace. Es una expresión personal. En algún momento fue: “voy a combinar esto con esto”, pero ahora estoy en un proceso de apertura. Hacer una obra sin prejuicios propios, hacer la música que me gusta sin tantas justificaciones. Disco tras disco de Klezmerson yo cambiaba y ahora que viene un nuevo trabajo, ya no me puedo ir a un lado distinto; ya tiene una línea, no se trata de cambiar por cambiar. Va a sonar muy distinto porque está influenciado por bandas más ruidosas. Va a ser crudo, más punk, este disco tendrá elementos más agresivos.

 

 

 

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