Por lo que va del año, el 2016 para muchos representará una mancha oscura en la historia de la música. Grandes artistas han dejado este mundo. Las redes se han volcado en lamentos, homenajes y pésames. También las propias redes han servido para abuchear y reprobar con incredulidad uno de los episodios más sorpresivos del año: la reunión del disfuncional Guns n’ Roses.

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Desde que empezaron a correr los rumores de un reencuentro entre los integrantes originales de la agrupación, la cual se presentaría en el festival Coachella en abril del 2016, el público se dividió entre escépticos y emocionados fanáticos. Unos alegaban que sería un fraude y que Axl Rose, con sus muy comentados kilos de más, ya no era aquel rockstar egocéntrico que podía abandonar conciertos apenas hubieran empezado o hacer suspirar a las mujeres con sus reveladoras licras blancas. Decían que no sería lo mismo ver a Slash, Duff McKagan y Dizzy Reed tan lejos de sus gloriosos tiempos del Apettite for Destruction (1987). Sin embargo al poco tiempo de confirmar la reunión, también aparecieron dos fechas para conciertos en Las Vegas con Alice in Chains como teloneros y uno más, el 1 de abril, en el club Troubadour de Los Ángeles, California. Nuevamente Guns n’ Roses daba de qué hablar.

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México los vio por primera vez en el año 1992, en El Palacio de los Deportes. Guns venía con su gira de los discos Use your Illusion I y II (1991). Sorpresivamente, se anunció una fecha de la agrupación reunida para la Ciudad de México, el 19 de abril del presente año. Con todo y las críticas que la banda ha cargado por su inestabilidad y el descrédito que se auguraba por los 23 años sin tocar juntos, las más de 60 mil entradas para el recinto se agotaron en el primer día de venta, lo que propició que se abriera una segunda fecha el 20 de abril.

Tras las grandes expectativas que se generaban, a principios de abril la noticia de que Axl Rose se había lesionado una pierna hizo temer a los fanáticos que se cancelaran los conciertos. Por suerte no fue así. Una silla prestada por los Foo Fighters mantendría cómodo al rockstar más bailador del los años 80. También se anunció al grupo abridor y en esta ocasión sería The Cult, agrupamiento británico en el que tocó la batería Matt Sorum, quien también formó parte de los muchos cambios de alineación de Guns n’ Roses.

El 19 de abril por fin llegó y pese al clima soleado que días antes azotó a la Ciudad de México, ese día el cielo se encontraba nublado. La entrada al Foro Sol empezaba a ponerse tan negra como el mar de camisetas que lo recorrían. A las ocho y media de la noche, el lugar aún estaba en vías de llenarse, pero el público con impermeables y paliacates –que nada protegían– iba tomando los lugares más cercanos al escenario, porque The Cult estaba iniciando. Poco más de 50 minutos fue lo que tocó la agrupación británica que parecía entenderse bien con el clima, pues éxitos como “Rain”, Fire Woman” y “She Sells Sanctuary”, entre otros, permitieron que los entumecidos y mojados espectadores no perdieran el calor ni la emoción de lo que seguía. Ian Atsbury se movía y brincaba al ritmo de su pandero, mientras John Tempesta brindaba un show muy apetecible desde la batería. Cerraron su presentación con “Love Removal Machine”, éxito que algunos conocedores agradecieron y en un español muy deficiente Ian se despidió. La lluvia había terminado.

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En 15 minutos los instrumentos de Guns y la silla tan esperada de Axl estaban listos en el escenario. Muchos temimos que la lluvia empezara de nuevo o que al líder de la banda le diera  uno de esos ataques de diva que tan odiado lo hicieron en los 90 y se le ocurriera salir una hora más tarde. No fue así, a las nueve y media los símbolos de Guns n’ Roses se encendieron en las pantallas laterales y el sonido de un logo que se iba prendiendo poco a poco en la pantalla central desató el estallido del foro que ya estaba lleno en su totalidad, De pronto se escuchó la música de introducción de los Looney Tunes y yo volví en ese instante a tener siete años, como cuando por mi edad y mis inexistentes domingos no pude ver a Guns en su primera visita a México en el 92. Axl Rose y yo teníamos una cita pendiente, 24 años después me la cumpliría y yo estaba atenta y con el corazón palpitante.

En un escenario se dibujaron las siluetas de un sombrero de copa, un rubio alto y un scooter en el que se transportaba hasta su asiento al cantante. De pronto, los acordes de “It’ s So Easy” empezaron para acallarse por segundos por el rugido del público que aplaudía y brincaba para dejar escapar la adrenalina contenida. Las pantallas enmarcaban a un Axl muy distinto al de los videos musicales, pero con un entusiasmo ya conocido; los coros sonaban fuerte y claro; la gente, muy emocionada por ese inicio, aplaudió con alegría al reconocer la siguiente canción “Mr. Brownstone”; “Chinese Democracy” fue el momento de tomar un respiro y registrar que de verdad estábamos viendo lo que que estaba en el escenario, principalmente porque casi nadie se sabía la canción, pero todo volvió de nuevo al brinco y al grito cuando Slash, jugando con el público, soltó los primeros acordes de “Welcome to the Jungle”.

Siguió “Double Talkin’ Jive” y Rose se movía en su silla, rodeada de brazos de guitarra, con la impaciencia de pararse a correr de lado a lado del escenario, como lo hacía en otros tiempos. “Estranged” sonó a continuación y el público se derritió con la guitarra de Slash. “Live and Let Die”, “Rocket Queen” y “You Could Be Mine” se sucedieron una tras otra y la adrenalina estaba a tope. El concierto era un bombardeo de éxitos que hacía saber por qué estábamos esa noche ahí y no lo cambiaríamos por nada. Oír “Coma”, “Attitude” o “Civil War” fue el privilegio de comprar los boletos del primer concierto.

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En un brevísimo descanso para tomar aire, pudimos escuchar “Speak Soflty Love” (tema de The Godfather) para inmediatamente después quedar sin aire por entonar de principio a fin la canción que muchos dedicaron para conseguir novia en la prepa. “Sweet Child o’ Mine” fue un éxito total (no dudo que muchos asistentes sólo se supieran esa, pero igual el concierto no tenía desperdicio). Después de “Better”, el gesto de los presentes fue de absoluta incredulidad. Duff y Slash, en medio del escenario, dejaron que el público coreara el conocidísimo “So, so you think you can tell, heaven from hell, blue skies from pain” de “Wish You Where Here”. Sé que en ese momento a más de uno se le anudó la garganta y para ahora sí dejar salir el lagrimón, de repente vimos a Axl Rose sentado al piano. Sabíamos lo que seguía sin lugar a dudas y entonces “November Rain” sonó como en los mejores sueños de fan adolescente.

Siempre hay una pieza didáctica en los conciertos y para volver a prender a los espectadores, Axl nos hizo tocar las puertas del cielo una y otra vez: él cantaba, luego el público, él volvía a cantar y el público lo seguía.
  Las puertas quedaron abiertas para que pasara el tren que ya se anunciaba con un sonido de locomotora. “Nightrain” sonó potente y la coreografía de Axl yendo y viniendo en su propio eje hizo al público saltar y no despegar la vista de la pantalla central que, a modo de juego mecánico, nos llevaba en un tren a toda velocidad enfrentándonos con las calaveras de cada uno de los integrantes del grupo.

Tanta adrenalina en lo que ya se nos había presentado requirió un descanso muy breve, del que regresamos con el silbido más conocido desde el señor de los camotes. “Patience” abría el regreso y el corazón descuartizado de los románticos a los que nos habían pedido irnos con más calma. “The Seeker” continuó el concierto a fin de prepararnos para el final. Había todavía una última canción para acabar de sacarnos la emoción de ver que ese gordito, del que todos se burlaban por su deterioro tenía mucho que dar. De pronto, la guitarra de Slash sonó acompañada de la de Richard Fortus, para iniciar el aplauso y el coro que agradecía a Guns por llevarnos con más de dos horas de concierto nuevamente al paraíso, donde el pasto es verde y las chicas hermosas.

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La noche acabó y no logré ver a una sola persona desilusionada por el espectáculo. Lo de los 23 años sin tocar juntos parecía un tema baladí y el temor de contemplar a un Axl Rose derrotado por sus excesos se disipó al ver que los rockstars de verdad, con todo y la incomodidad de una pierna rota, podían hacer todavía lo que él y los integrantes originales hicieron en sus mejores épocas. El presente fue irónicamente un viaje al pasado que dejó a los asistentes felices. La noche siguiente aún guardaba sorpresas, “My Michelle”, “Don’t Cry” y “Yesterdays” fueron algunas de las canciones que para muchos eran imprescindibles. Sin embargo, cada uno de los dos conciertos fue una experiencia que no sólo cubrió todas las expectativas generadas, sino que las rebasó no únicamente por la nostalgia de un grupo, para muchos de juventud, sino por la oportunidad de ver en vivo a una de esas agrupaciones con verdadera esencia rockera: sexo, drogas, egos, desplantes, furia y mucha calidad musical. Así fue Guns n’ Roses y así lo sigue siendo. Esas dos noches lo prueban.

 

 

 

 

2 comentarios en “Guns n’ Roses en la Ciudad (no) Paraíso

  1. Muchas gracias por tu narrativa, no pude ir al concierto, pero al leerte me sentí en el Foro!!!

    • Gracias a ti por la lectura y el comentario. Qué bueno que la crónica te haya hecho compartir el concierto con nosotros. Besos.