En la enfermedad. En la rutina de la existencia cotidiana. En el dispendio amoroso. En el núcleo familiar. En la aplastante soledad, está Mozart. En el viaje de la vida diaria, cuyo fin se avista inexorablemente. En la naturaleza que se levanta alrededor nuestro y que de pronto parece desplomarse. En el fragor de la lucha por la sobrevivencia, está Mozart.

Nadie se explica el fenómeno Mozart. Hay quien lo adjudica a una distracción de Dios. Hay quien lo atribuye a una confabulación fuera del entendimiento. Como un hoyo negro sideral.

Como las palabras de Homero. Como los colores del Sanzio, Mozart nos permite remontar el día de mañana. Paliar nuestro desconsuelo. Atisbar el alivio —mientras nos quede una sinfonía por oír, tenemos un día más de vida. Garantizado.

Nada más fácil de escuchar. Es el principio mismo de la naturalidad en la música. Su torrente sonoro semeja el viento y la lluvia. Se le escucha y nos investimos de esperanza. Pues donde hay armonía con el mundo está Mozart.

mozart-01

El 20 de Mozart
Se cuenta que Mozart compuso su concierto 20 para piano de una sentada, al punto de que se estrenó sin haberse ensayado el 10 de febrero de 1785, a sus 29 años. Y otra cosa que se entiende a la perfección, por los vuelos sinfónicos del concierto, su enjundia y nervioso temperamento, es que fuera el favorito de Beethoven; por algo lo tocó en una velada organizada por Konstanze, la viuda de Mozart, el 31 de marzo de 1791, unos cuantos días después de que Mozart cumpliera dos meses de fallecido. Hay que destacar que Beethoven escribió las cadencias para el concierto, lo cual le provocó la admiración del público.

El niño prodigio
Son abundantes las anécdotas que narran la niñez prodigiosa de Mozart. Su padre Leopoldo acaso fue promotor de que la fama del niño creciera desmesuradamente. Presentaba a su pequeño hijo (incluso le quitaba uno o dos años, para incrementar el impacto) como un espectáculo, como un niño sobrenatural que aceptaba cualquier desafío lo mismo para improvisar al piano el tema que se le dictase que tocar el instrumento que se le pusiese delante o que tocar el piano con el teclado cubierto por un paño.

El adulto abandonado
Los últimos años de Mozart fueron especialmente trágicos. No sólo porque sus óperas no tenían éxito, no nada más porque la gente no asistía a sus conciertos, sino sobre todo porque cada vez se fue sintiendo más abandonado por aquel público que años atrás lo aclamaba. De haber sido el compositor favorito, su popularidad decrecía paulatinamente. Él se había entregado por completo a Viena y Viena le daba la espalda. No encontraba más que puertas cerradas, es de imaginarse su desazón si a esto se añade la constante crisis financiera en que vivía

mozart-02

Praga, ciudad culta
Praga significó para Mozart el bálsamo que necesitaba para que su corazón se revitalizara. En el último viaje que hizo a la ciudad culta, para él representó una suerte de viaje hacia la tierra prometida. Las cosas pintaban bien y resultaron mejores. Estrenó música, se llenó los bolsillos de dinero, la gente lo aclamaba en la calle. Se le vitoreaba aun en los momentos más insospechados. En fin. Un nuevo ánimo pareció emerger desde lo más profundo de su ser. Encontró en aquella ciudad el amor reparador.

A lo largo de su vida
La imaginación de Mozart siempre se desbordó. Aun siendo niño, sus mismos juegos eran prodigio de invención. Por ejemplo, inventó una ciudad maravillosa, de nombre Rücken. El cochero de la casa le hizo el dibujo conforme la invención del niño se lo dictaba. Había todo en esa ciudad: calles, jardines, puentes, un río que la cruzaba de punta a punta. Murallas, comercios, palacios y cafés. Mozart mostraba su ciudad a la espera de comentarios inteligentes, que no siempre se daban. También inventaba palabras o construcciones gramaticales absurdas. A su padre le compuso una canción bautizada por el compositor como “Oraña fitafaña”. No significaba nada, por supuesto. Y si alguien lo cuestionaba sobre estas palabras, respondía: “¿Qué clase de modales, cuatro retratos y tres bandoleros? ¿Un paquete y ningún retrato?”. Que a su perro lo nombrara Pimperl, sólo tuvo sentido para él. Y cuando alguien le preguntaba de dónde provenía el nombre, simplemente respondía: “Cielo. Rásquenme todos” y seguía jugando con la mascota.

Mozart y Salieri
Mucho se ha hablado sobre la leyenda de que Antonio Salieri, compositor avecindado en la corte de Viena, envenenó a Mozart. Que, azuzado por la envidia, le quitó la vida a su rival sin tocarse el corazón. Primero Puschkin, después Peter Shaffer y por último Milos Forman con su celebérrima película Amadeus —que en buena medida volvió inmensamente popular a Mozart, todavía más— contribuyeron a fortalecer esta leyenda. Vale la pena destacar que en 1823 Antonio Salieri, en un delirio de los muchos que sufría, intentó suicidarse por las pesadillas que lo abrumaban como supuesto asesino de Mozart.

mozart-03

Fiebre reumática
La enfermedad que obligó a Mozart a guardar cama sólo duró 14 días durante los cuales siguió componiendo el Réquiem. El 4 de diciembre de 1791 ordenó nuevamente que le trajeran la partitura a la cama y cantó aquellas secciones que ya había completado. Al llegar a la “Lacrimosa” lo abandonaron las fuerzas. Lágrimas abundantes corrieron por sus mejillas. De pronto se le hincharon los carrillos, como si estuviese soplando una trompeta imaginaria —la “trompeta del ángel de la muerte”, dice Marcel Brion—, se dejó caer hacia atrás y se durmió. Por la mañana del 5 de diciembre pasó del sueño a la muerte, sin sufrimiento, sin conciencia, en una perfecta serenidad. Su médico de cabecera anotó en el registro de defunción, como causa de la muerte, “fiebre miliar aguda”. En realidad se trató de una fiebre reumática aguda.

 

 

Un comentario en “Alusiones musicales
Mozart

  1. Mozart, un miembro de la servidumbre feudal que era un artista, un superdotado que vivió siempre en la búsqueda de una holgadez e independencia económica debidas a su genio. Lástima que no nació en la época de los Medici o en la de la conquista musical de los Estados Unidos en 1964.