En la mitología nórdica, el Valhalla es un enorme y suntuoso salón ubicado en la ciudad de Asgard, gobernada por Odín. La mitad de los muertos en combate son elegidos por este dios y guiados por las valquirias para viajar al Valhalla. Una vez ahí, los difuntos se reúnen con varios héroes y dioses germánicos legendarios, mientras se preparan para ayudar a Odín en la batalla del fin del mundo. El Valhalla ha inspirado diversas obras de arte, un sinnúmero de publicaciones y a la cultura popular moderna, para la cual se ha convertido en referencia del lugar donde se honra a grandes personajes ya fallecidos.

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“American Valhalla” es como se titula uno de los mejores temas que conforman Post Pop Depression, la más reciente producción de James Newell Osterberg (el verdadero nombre de Iggy Pop). A este misterioso lugar arribó el legendario Iggy de 68 años, para preparar su última estrategia de combate con la cual desafiar una vez más los convencionalismos del rock. Desde el American Valhalla, este punk renegado clama: “I’ve nothing, but my name”, pues con franca sencillez admite no tener nada excepto el nombre que le bastó para hacer uno de los discos más brillantes de su trayectoria profesional, en colaboración con el líder de Queens Of The Stone Age, Josh Homme, el baterista de Arctic Monkeys, Matt Helders y el multi-instrumentalista Dean Fertita.

Iggy Pop ha dicho a varias publicaciones musicales que este álbum, el decimoséptimo de su carrera profesional de 50 años, será el último. Pareciera que el artista se prepara para abandonar los escenarios ante la muerte que acecha, pero frases como “Death is the pill that’s tough to swallow / Is there anybody in there?” hacen evidente que el músico no está preparado para enfrentarse al fin de sus días, como sí lo estaba su entrañable amigo David Bowie en su último trabajo, Blackstar (2016).

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Precisamente los desenfadados sonidos y el ambiente oscuro de temas como “Gardenia” o “Break Into Your Heart” hacen manifiesta la influencia de Bowie sobre este álbum. Es como si Pop rememorara deliberadamente 1977, año en el que Bowie produjo y colaboró en dos de sus excelentes producciones: The Idiot y Lust for Life. En aquel entonces, los dos músicos además de compartir el estudio compartieron alojamiento en Berlín, etapa proto-punk que Iggy revive intensamente con el tema “German Days”. Así, Post Pop Depression es un álbum que refleja la etapa posterior al duelo del músico, pero que lo hace por medio de una guitarra furiosa y un hard rock potente cargado de nostalgia como en “In the Looby”.

El proceso de gestación de esta obra musical data de enero de 2015, cuando Pop comenzó a mensajearse por e-mail con Josh Homme. Después de intercambiarse durante varios meses demos, anécdotas, maquetas e incluso poemas, decidieron trabajar juntos y viajar a los confines del desierto de California para grabar en el mítico estudio Rancho de la Luna, donde han sesionado desde Dave Grohl hasta PJ Harvey, pasando por UNKLE. El resultado fue un disco que hasta ahora ha sido ovacionado por los críticos pero que sobre todo sorprenderá a sus escuchas con temas funk como “Sunday” -que paradójicamente termina como un vals- o con canciones como “Paraguay”, la cual remite, sin artilugios ni gastados trucos, a la gloriosa época en la que los Stooges domaban los escenarios.

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La batería de Matt Helders resalta en primer plano en “Chocolate Drops”, en la que el titulo no puede ir más acorde, pues cada golpeteo es como una gota pegajosa que se desliza por la mente del escucha y que vibra al ritmo del bajo de Dean Fertita. “Vulture” es una magnífica pieza en la que destaca la guitarra estridente de Homme y la voz garrasposa y sufriente de Iggy, por lo que inevitablemente remite a la etapa más cruda y visceral de Nick Cave and the Bad Seeds.

Nueve contundentes cortes que hacen del más reciente trabajo del músico estadounidense un majestuoso álbum por el cual podría rendírsele homenaje desde ahora, sin esperar a que sea elegido por los dioses.