“¡Gulp! Era Mick Jagger en persona y estaba llamando a mi casa. Tenía que comportarme con profesionalismo y sacar a relucir mi experiencia (¡ja!) periodística”.

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A principios de noviembre de 2001, en las oficinas de la disquera EMI me dijeron que para finales de ese mes tenían una entrevista telefónica con Mick Jagger exclusiva para La Mosca en la Pared, la revista que yo dirigía. “Ah, está bien”, dije con flagrante irresponsabilidad, como si no creyera en que ello pudiera convertirse en realidad. Más aún cuando me explicaron que seríamos el único medio escrito de México que recibiría semejante distinción. Los días transcurrieron con su habitual parsimonia hasta que de pronto, el lunes 19 de noviembre, recibí una llamada de la oficina de prensa de la mencionada compañía para confirmarme que el miércoles 21, a las 12:20 del día, se llevaría a cabo la charla con Jagger. ¿Que qué? ¿Entonces iba en serio? No había la menor duda. En un par de días recibiría en mi casa una llamada desde Londres y podría entrevistar al legendario vocalista de los Rolling Stones, quien acababa de sacar Goddess in the Doorway, su nuevo álbum como solista. El compromiso era tremendo… e ineludible. Preparé concienzudamente la entrevista. Escuché varias veces el disco jaggeriano y me gustó, aunque creo que lo que escribió Jean Wenner, director de Rolling Stone, acerca de que se trataba desde ya de un clásico, era una sospechosa exageración que sonaba a favor personal.

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Todo plazo se cumple
Por fin llegó el día D. A riesgo de sonar pedante, diré que no me sentía nervioso, tal vez porque aún no me la creía y pensaba que a final de cuentas la llamada jamás se produciría. A las 12:20, me encontraba sentado ante la mesa del comedor de la casa-oficina de La Mosca. Tenía listas las preguntas redactadas en inglés, la grabadora y el aparato telefónico con el speaker abierto. Pasaron diez minutos y nada. “Ya lo sabía”, pensé. “De seguro me van a hablar de Virgin México para decirme que por causas de fuerza mayor la entrevista se cancela”. Justo en eso, sonó el teléfono y me sobresalté. Y no se trataba precisamente de una llamada local.
—¿Jiugo?
Era una voz de mujer.
—Sí… Digo…, yes…
Se llamaba Lisa. Me explicó que hablaba desde Virgin Londres, que Mick estaba un poco atrasado, pero que en cinco minutos volvería a llamarme.
—Okey —acepté, con impecable acento británico.
Un ligero cosquilleo nervioso empezó a recorrer mi espalda.
Con puntualidad inglesa, el teléfono repiqueteó a los trescientos exactos segundos.
—Hello? ¿Jiugo? -dijo una inconfundible voz rasposa.
—Mick…? -pregunté incrédulo.
—Yeah, it’s Mick. How d’you doing?
¡Gulp! Era Mick Jagger en persona y estaba llamando a mi casa. Tenía que comportarme con profesionalismo y sacar a relucir mi experiencia (¡ja!) periodística.
—I’m Hugo García Michel, from a rock magazine named La Mosca.
—¿La Mousca? Okey —dijo con gracia el de la célebre bocaza… y comenzó la entrevista, para la cual tenía yo quince minutos. Jagger se portó amabilísimo. He aquí lo que platicamos.

La entrevista

Han pasado ocho años desde Wandering Spirit, ¿qué tanto has cambiado —como persona, como cantante, como músico, como compositor— en estos últimos años?
Cuántas cosas. Es una pregunta que me obliga al autoanálisis. No estoy seguro de las respuestas. Es difícil saber cuánto he cambiado, sólo sé que he cambiado en algunas cosas y en algunos momentos. No es necesario que haya cambiado completamente para saber por qué hice este disco o tal disco de los Stones. Puede ser que se deba a las nuevas tecnologías de grabación o a que me sentía diferente o a que quería tocar tal guitarra o por lo que sea, no sé la respuesta a estas preguntas. Sólo sé que lo quería hacer de diferente manera. Imagínate si lo hubiera hecho del mismo modo que algún disco anterior mío o de los Stones. No sé si pueda decir qué tanto he cambiado en todo este tiempo, pero la música ha cambiado y eso me obligó a tratar de hacer las cosas de una manera diferente. Sin embargo, no perdí la costumbre de componer las canciones desde una base guitarrística. Empecé tocando mi guitarra en un pequeño estudio en casa y viendo qué es lo que iba a hacer. No trabajé con muchos músicos al mismo tiempo, sólo con algunos cuantos, un grupo pequeño; nunca estuve en el estudio con diez personas, mucho menos pensé en grabar con una gran banda de veinte elementos. El álbum lo hice digamos que en pequeña escala, basado en las armonías de mi guitarra. Quise que fuera algo muy personal. Ya después que terminé de grabar algunas canciones pensé en otra gente para que se incorporara, amigos míos que hicieran cosas muy específicas.

¿Piensas que Goddess in the Doorway te da una identidad musical diferente a la de los Rolling Stones?
Aunque mucha gente lo ha visto de esa manera, lo único que quise fue involucrarme en todo el proceso de este disco, sobre todo en el aspecto instrumental, pero eso mismo hice siempre en los discos de los Rolling Stones. La diferencia quizás estribe en que esta vez toqué más instrumentos y la mayor parte de las canciones son mías.

En este álbum interpretas diferentes estilos musicales, como pop, algunos ritmos electrónicos y dance, pero al final regresas a tus raíces: la balada country y aún el blues y el hard rock.
¿Por qué quisiste hacer un disco tan diverso?
Es un reflejo de cómo soy. No me gusta encasillarme en un sólo tipo de música; me gusta ser diverso, escuchar música diversa. No soy de los que oyen sólo un tipo de música, a un artista o sólo rock o blues. Me gustan muchas cosas, me gusta el techno y casi hice techno en algún punto. Busqué hacer otro tipo de música que realmente me gusta, quise ser más abierto y por eso incluí diferentes estilos a lo largo de la grabación. Me gusta el blues, me gusta la música country, pero también me gustan el hip-hop, la electrónica y los beats de la música dance. Por lo que respecta a esta última, quise hacerla pero que tuviera la sensibilidad del rock, cosa difícil de lograr; suena fácil, pero no lo es. Resulta muy difícil mezclarlo, mucho más difícil de lo que pensé, y como tú dices, quise que sonara más como balada soul, en la forma más tradicional. La forma como escribes una canción es lo que te sugiere la interpretación y nunca me aparté de la forma en que la había pensado. La adaptación y los arreglos en algunos casos ya los tenía en mente, como en “Brand New set of Rules”, la cual escribí como una canción tradicional, o “Too Far Gone” que es una canción country con un poco de beat o “Hide Away”, misma que es más reggae y pop en la tonada. Las canciones por sí mismas te sugieren la interpretación y la producción que se les tiene que dar.

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¿Cómo escogiste a tus músicos invitados, como Pete Townshend, Bono, Lenny Kravitz, Joe Perry, Wycleaf Jean, Rob Thomas y el gran y legendario Jim Keltner? Debo confesar que extrañé a Bobby Keys.
Bueno, Bobby siempre fue un gran apoyo y una gran presencia en nuestros discos, pero en Goddess in the Doorway no hay saxofones. En primer lugar todos son amigos míos. Preferí llamar a gente conocida en lugar de contratar a músicos de estudio con quienes nunca hubiera trabajado. Pienso que las grabaciones planeadas de esa manera se convierten en artificiales si sólo invitas gente al azar. A algunos no los conozco muy bien, pero a otros sí. Pete Townshend es mi amigo desde hace largos años y nos entendemos muy bien. Él sabe lo que busco y cómo quiero que suenen mis canciones. Hay un par de tracks que cuando los terminé requerían la guitarra y quise que fuera él. Eso se nota en “Joy”, un tema que me gusta mucho y en el cual también participó Bono. Con él se me hizo interesante tratar de que cantara, quise que fuera una cosa natural. Cuando escribí la canción e hice el demo, me di cuenta de que él podía hacerlo mejor que yo.

Hay canciones como “Visions of Paradise”, la propia “Joy” y especialmente “God Gave Me Everything” que parecen mostrar una cierta posición religiosa en tus letras, ¿estoy en lo cierto?
Sí, tal vez suenan un poco místicas o espirituales. No soy un gran fanático de las religiones organizadas, más bien son ideas que hablan por sí mismas y que algunas veces dejas que entren en tu vida. Cuando reflexionas sobre ellas, sólo dejas que salgan.

Musicalmente, “God Gave Me Everything” me recuerda a “Heartbreaker” del Goats Head Soup de los Rolling Stones (desde luego sin Billy Preston al piano), ¿crees que sea la canción más stoniana?
No exactamente. De hecho, “Everyone Get High” me parece la más stoniana. No creo que “God Gave Me Everything” lo  sea.

¿Cuál es tu canción favorita del álbum?
No tengo una favorita, todas me gustan. “Everyone Get High”, me encanta. Lo mismo “Brand New Set of Rules", porque me recuerda un poco a los Memphis Horns. Me gusta “Hide away” también.

¿Tu canción favorita de los Rolling Stones?
No tengo una en especial. Me gustan muchas.

… y de repente…
Aún me quedaban cinco minutos de entrevista e iba a inquirirlo sobre sus épocas pre stonianas, cuando cantaba como Little Boy Blue con los Blue Boys y si era verdad o leyenda aquello de que había conocido a Keith Richards en una estación de tranvías, mientras llevaba bajo el brazo una buena cantidad de discos de blues, cuando de pronto la comunicación se interrumpió.

Tu-tu-tu-tu-tu.

Menté madres. María José Cortés, jefa de redacción de La Mosca y única testigo de la entrevista, me dijo que no desesperara, que de seguro volverían a llamar, pero eso no sucedió. Ni modo. De cualquier forma, ya podré contarle a mis nietos sobre el día en que Mick Jagger me llamó a mi casa.

 

 

Un comentario en “Rescate hemerográfico
El día que Mick Jagger llamó a mi casa

  1. Ya había leído esta crónica, no recuerdo si en La Mosca o en tu blog, pero a diferencia de las otras ocasiones en las que la leí, esta vez me puse a buscar el álbum “Goddess in the doorway” en Spotify, y vaya que lo disfruté ya que nunca lo había escuchado. Una de las ventajas de la tecnología actual. Saludos!