A cien años de la fundación del Cabaret Voltaire en Zurich, Suiza (el 5 de febrero de 1916), y del surgimiento del dadaísmo, la historia dice que este movimiento nunca contó en realidad con compositores originalmente inscritos en él (dejaban al azar las sonoridades que acompañaban sus performances y happenings antiartísticos), pero a cambio esparció sus olorosas y lúdicas sales —cuya influencia fue aceptada y manifiesta a partir de entonces— por infinidad de géneros y estilos musicales.

Para encarar la importante concatenación del dadá con la música, habría que remontarse a su idea de utilizar los ruidos de la vida cotidiana en su búsqueda por enriquecer el sonido y desvincularse del pasado, declarando su rechazo a la tradición, a los limitados timbres de los instrumentos convencionales y a las formas de composición al uso. Así, el movimiento cobró importancia como preludio de las vanguardias musicales posteriores.

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Se podría decir que todo comenzó con el futurista italiano Luigi Russolo, cuyos conceptos tuvieron cabida en los ready-made del Duchamp dadaísta, quien con uno de sus alias, A. Klang (Klang significa sonido en alemán), compuso dos partituras: Erratum Musical, para tres voces, y La Mariée mise à na par ses célibataires, même. En Erratum Musical, para teclado y otros innovadores instrumentos, utilizó una notación musical de sólo números y letras.

Las obras de Duchamp, a su vez,  fueron prolegómenos a las de Erik Satie, crucial en la posterior formación del surrealismo y de las experimentaciones de John Cage, el cual rompió con la armonía tradicional, modificó el sonido del piano e incorporó el ruidismo a sus composiciones. Con tal tecnología como base, los fundamentos teóricos y estéticos del movimiento fueron retomados por Pierre Schaeffer y sirvieron como fuente de inspiración para la Symphonie pour un homme seul.

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A mediados del siglo XX, esta obra –que incluía sonidos de locomotoras, ollas y torniquetes– fue llevada al ballet por Merce Cunningham (padre de la danza moderna), trazando así la nueva ruta para dicha disciplina. Desde entonces, muchos nombres de la música académica se han relacionado con el dadaísmo, aunque sus temas sólo contengan una pizca de él.

En el campo de la música experimental y electrónica, la lista de adscritos tras Russolo es interminable y llega hasta la fecha. En el terreno jazzístico ha contado con la participación de exponentes del free jazz al free style. De Sun Ra y colegas a John Zorn y Atomic. El remix más rabiosamente actual es descendiente directo del dadaísmo.

En el rock, su presencia ha sido una constante desde la década de los sesenta, cuando su lado bizarro lo convocó una y otra vez, lo que ha continuado por décadas y estilos. Al comienzo, el más destacado dadaísta del género fue Frank Zappa y sus Mothers of Invention, desde su primer álbum, Freak Out!, hasta su muerte en 1993.

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Los siguientes eslabones de la cadena, a muy grandes rasgos, pasan por Captain Beefheart and His Magic Band, The Bonzo Dog Doo-Dah Band, The Crazy World of Arthur Brown, Pere Ubu, Flying Lizards, Residents, Talking Heads, Sam & Valley, Pixies, Art of Noise,  Atom Tm, Holger Hiller, Trio, CocoRosie y Radiohead. Ellos y muchos más han mostrado que el dadá sigue tan fresco y sorprendente.

Mención aparte la tiene el punk. Género con el que el dadaísmo guarda especial apego. La vinculación pasa por diversos vasos comunicantes, como su nihilismo, la negación y el rechazo de la tradición, la apuesta por lo inmediato, la contradicción, la defensa del caos frente al orden y de lo imperfecto contra lo perfecto (el virtuosismo instrumental). Como aquél, el punk propaga la idea del “hazlo tú mismo”, de la  expresión mediante el escándalo, el gesto o la palabra (dicha y tipografiada). Es anticonvencional y posee la infinita capacidad de influir a futuro, entre otros de sus lazos.

Asimismo, el dadaísmo es hilo conductor de manera total o parcial en muchos solistas o grupos de música electrónica. Su vigencia sigue siendo importante y enriquecedora. Cabe destacar de ese medio al grupo británico que tomó su nombre de la cuna misma del movimiento: Cabaret Voltaire, agrupación que se convirtió en uno de los enclaves más prolíficos que fusionaron la new wave, el techno, el house dub y la música concreta.

La contribución constante del dadaísmo al arte contemporáneo –del que el jazz, la música electrónica y el rock forman parte indiscutible– es la puesta en duda continua sobre la esencia misma del significado artístico y que, por lo tanto, no hay regla inamovible que lo  legitime de manera alguna. Gran parte de lo que el arte actual tiene de provocador (como la mezcla de géneros y materias propia del collage y del remix) viene de sus fundamentos, nacidos hace cien años en aquel revoltoso Cabaret Voltaire de Zurich, cuya sombra nos sigue cubriendo, afortunadamente.