Escuchamos una y otra vez, desde que se anunció el cartel, que no era el mejor Corona Capital. ¿Será que nadie leyó bien el line-up? ¡Pixies! ¡The Libertines! ¡Beirut! ¡Sleater-Kinney! ¡Primal Scream! Nuestro consejo: como en cualquier festival, si buscas, lo encontrarás… ¡y vaya que nos encontramos con varias joyitas!  

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DÍA 1
El primer día del Corona Capital dio inicio para nosotros en el escenario Corona Light con Wild Nothing, quienes tuvieron un set cumplidor, al igual que DIIV,que los siguió en el mismo escenario. Ya más entrada la noche, fue grato ver que The Psychedelic Furs no han perdido su onda y que la voz y burbujeante personalidad de Richard Butler siguen intactas. Poder escuchar en vivo “Heartbreak Beat”, “The Ghost in You” y “Pretty in Pink” seguro emocionó a más de un fan de los ochenta. Por su parte, el muy de moda DJ noruego Kygo abarrotó el escenario Doritos como nadie el fin de semana, mientras que el colectivo RAC puso a todos a bailar en el Claro Música Tent, especialmente con el cover que le hizo a “Something Good Can Work” de Two Door Cinema Club. En el escenario Corona, consecutivamente se dieron cita Father John Misty y Ryan Adams, ambos tocando por primera vez en nuestro país. Rodeado de su usual parafernalia –banderas, juegos de video y, por supuesto, su chamarra de mezclilla con parches–, Adams abrió con “Gimme Something Good” y brilló con un set emotivo, haciendo que el público se rindiera ante su encanto con “New York, New York”. En el escenario Corona, en punto de las diez de la noche, Beirut puso las emociones a flor de piel con “Elephant Gun” y prendió los ánimos con “Santa Fe”. Zach Condon estaba visiblemente emocionado y agradecido con el cariño de un público que siempre le ha demostrado su devoción. Fue un deleite escuchar tantos instrumentos de viento juntos, guiados por la inigualable voz de Condon. Cuatro presentaciones llamaron nuestra atención por diferentes razones: Benjamin Booker, Chairlift, Richard Ashcroft y, por supuesto, The Libertines.

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La sorpresa: Benjamin Booker
Sin duda, el descubrimiento del fin de semana fue Benjamin Booker, músico originario de Virginia que ahora vive y toca en Nueva Orleans. Además de tener un vozarrón, la energía que alcanzó en el escenario, al lado de su baterista y su bajista, fue una locura. El año pasado, la revista Spin lo describió “como si alguien tirara un fósforo en una caja de fuegos artificiales: garage rock brillante, frenético y explosivo que puede incendiar una casa”. El propio Booker cuenta entre sus influencias a Blind Willie Johnson y T. Rex, aunque podríamos sumarle a Muddy Waters o Jimi Hendrix. Con una duración de cuarenta minutos, fue una actuación corta pero contundente que impresionó a más de uno y en la que destacaron “Violent Shiver” y “Happy Homes” que nos llevaron de la mano a las raíces del rock.

El experimento: Chairlift
Desde que la banda llegó al escenario Corona, fue muy clara: en voz de Caroline Polachek –mitad femenina del dúo de Williamsburg, Brooklyn– Chairlift anuncio que “todas las canciones que estaremos tocando son nuevas”. Una declaración fuerte y aventurada para ser la primera vez que Chairlift pisa suelo mexicano y encima en un festival, además de que el disco al que pertenecen estas canciones ni siquiera se ha lanzado. El riesgo y la autoconfianza bien valieron la pena: fue un set coherente y arty en el que Polachek –enfundada en un vestido beige con una especie de corsé hecho de cuerdas– tuvo un gran dominio del escenario mientras Patrick Wimberly ofreció toda suerte de artificios. Pero de alguna forma Chairlift defraudó a sus seguidores más fieles al no tocar sus éxitos; toda la presentación fue nueva, salvo la anacrónica presencia de “Bruises” que desentonó un poco pero alivió las ansias de sus fanáticos. Cerraron con su nuevo sencillo, “Ch-Ching”, del disco Moth que estará disponible en enero de 2016.

Los pantalones: Richard Ashcroft
El líder de The Verve decidió enfrentar a los miles de fans apostados en el escenario Corona Light con su guitarra y su valor como única artillería. ¿El resultado? Uno de nuestros momentos favoritos del fin de semana. Y es que cuando se tiene un repertorio como el que ha construido Ashcroft desde 1990, tanto con The Verve como de solista, ¿por qué no dejar que brille por sí mismo? A pesar de que la sutileza de su presentación fue invadida varias veces por el estruendo de DFA 1979 en el escenario Doritos –a los que, por cierto, les recordó a su mamá– fue un momento único e irrepetible. Abrió con la excepcional “Sonnet”, para hacer que se desatara una corriente de emoción entre el público. Se nos hizo un nudo en la garganta cuando le dedicó “Space and Time” a las víctimas de los ataques a Le Bataclan en París y las lágrimas corrieron durante “The Drugs Don’t Work”, “Lucky Man” y “Bitter Sweet Symphony”, con la que cerró un set de diez canciones perfectas que también incluyeron sus éxitos como solista “A Song for the Lovers” y el himno “Music Is Power”. Ashcroft agradeció profusamente al público mexicano y confirmó la reputación de calidez y fervor del mismo entre el circuito de músicos británicos. Sin miedo a exagerar, Ashcroft es una piedra angular de la música moderna, un cantautor cuyas canciones se seguirán escuchando por muchas generaciones y fue un privilegio poderlo escuchar así.

Los reyes indiscutidos del CC15: The Libertines
Lo más emocionante del fin de semana se dio en el escenario Doritos, en el cual por primera vez pudimos ver juntos a Pete Doherty y Carl Barât, sin olvidar a John Hassall en el bajo y el genial Gary Powell en la batería. La espera fue larga y tensa: sentíamos que en cualquier momento podrían cancelar su presentación debido a la salud mental o física de Doherty, cuyos ataques de pánico causaron la cancelación de un par de fechas en Inglaterra este año. Así que fue con gran alivio y una explosión de júbilo que fueron recibidos por el público y The Libertines devolvieron el favor con un set list colosal: “Can’t Stand Me Now”, “Time for Heroes”,  “What Katie Did”, “Boys in the Band” y “Music When the Lights Go Out”. Incluso “Gunga Din” suena ya a clásico. A la mitad del concierto, Pete dijo con voz resuelta: “Liberté. Egalité. Fraternité. Vive la France!”, en claro homenaje a la tragedia ocurrida en París hace escasos días. El encore fue monumental con “Up the Bracket”, “Albion” –cover de la banda de Doherty, Babyshambles, y palabra con gran significado dentro de la historia de la banda– y “Don’t Look Back Into the Sun”. Lo confirmamos: The Libertines ha alcanzado un nivel mítico tanto por su música como por las complejas personalidades que forman a la banda. Queda grabada la imagen de Pete Doherty y Carl Barât cantando pegados y felices en el mismo micrófono, la de Pete al alzar la bandera mexicana y la de los cuatro, abrazados, mientras agradecían al público mexicano.

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DÍA 2
El segundo día del festival seguro le puso una sonrisa a los que querían bailar: Fat Boy Slim, Chromeo, Miami Horror, Calvin Harris, Tokimonsta, Robin Schulz y Ratatat fueron una especie de smorgasbord electrónico. Para los más roqueros, Spoon y Sleater-Kinney ofrecieron grandes actuaciones en los escenarios Corona y Doritos, respectivamente. Uno de los highlights de la presentación de Spoon fue cuando tocaron “I Turn My Camera On”, ya aproximándose el final. Sleater-Kinney hizo su debut en México. Las veteranas Carrie Brownstein, Corin Tucker y Janet Weiss vinieron a presentar su más reciente disco, No Cities to Love, que lanzaron en enero y que seguro estará en todas las listas de mejores discos del 2015. Y no olvidemos a los originarios de Liverpool, Circa Waves, que cerca de las cinco de la tarde se subieron al escenario Corona Light para probar por qué son de los consentidos de la escena indie. Hubo muchas primeras veces en este Corona Capital, incluida la de Circa Waves que se despidió diciendo: “¡Regresaremos muy pronto!”

Melancolía escandinava: Mew
Muchos de los más de setenta mil asistentes al festival se dieron cita en el escenario Doritos para ver el regreso a México, tras seis años de esta agrupación danesa de art rock. Tanto el cantante, Jonas Bjerre, como el bajista, Johan Wohlert, visiblemente emocionados por la cantidad de gente reunida para verlos, no se cansaron de repetir al público: “Se ven hermosos, muchas gracias por venir”. Entre los puntos altos del set estuvieron “Satellites” y “Water Slides”, ambas de su sexta y más reciente producción + – (Plus Minus), la brillante “156”, la explosiva “Am I Wry? No” y la introspectiva “Comforting Sounds”, con la que cerraron una emocionante presentación llena de melancolía e intensidad al más puro estilo escandinavo. Mew fue una de las bandas que nos dejaron con ganas de volver a ver, pero en un concierto ellos solos para poder ser testigos de la extensión de su arsenal. Ojalá y regresen pronto.

Euforia pura con Primal Scream
Además de que los conciertos de Primal Scream son una fiesta, siempre resulta muy entretenido ver a Bobby Gillespie deslizarse por el escenario. Enfundado en un traje sastre negro y camisa de animal print y claramente enfiestado, Gillespie tiene un gran dominio del escenario. Resulta extraño pensar que alguna vez este escocés fuera el baterista de The Jesus and Mary Chain. Acompañado en esta ocasión por Andrew Innes en la guitarra, Martin Duffy en los teclados, Darrin Mooney en la batería y la genial Simone Butler en el bajo, ofrecieron una actuación concisa de once canciones, entre las cuáles destacó su mega éxito “Movin’ On Up” que no dejó a nadie entre el público sin moverse y brincar. Como que nos hubiera gustado escuchar más del Screamadelica –primer ganador del Mercury Prize, dicho sea de paso–, en especial “Higher Than the Sun”, aunque la banda de Glasgow ya había venido a presentar el disco completo en 2011, para festejar el 20 aniversario del mismo. Y ya de pedinches, hubiera estado bien poder escuchar en vivo “It’s Alright, It’s OK” de su gran comeback de 2013, More Light. Pero no nos quejamos, fuimos felices y sacudimos la polilla durante sesenta eufóricos minutos.

Los cumplidores Pixies
Es imposible cansarse de ver a los Pixies, en cualquiera de sus configuraciones. Aunque seguimos tratando de reponernos de la partida de Kim Deal hace dos años –y seguiremos siempre–, la música de esta banda de Boston siempre cautiva. Esta no fue por mucho la mejor actuación del grupo de Black Francis, sobre todo si comparamos con la épica presentación que dieron con su alineación original en la primera edición del Corona Capital, el 15 de octubre 2010. Tal vez esa comparación de dos presentaciones en el mismo festival haga que esta vez no fuera tan lucidora. Y aunque faltaron varias de sus piezas más conocidas –anden, ¿qué les cuesta tocar “Debaser”? – y las canciones provenientes de su más reciente disco Indie Cindy fueron lo más flojo, siempre es un placer poder escuchar en vivo “Wave of Mutilation” o corear a la par de miles de personas “Where Is My Mind?” que fue con lo que cerraron.

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Louise Mereles Gras
@musicissacred