Ya habrás leído que hoy sería el sesenta y cinco cumpleaños de Jimi Hendrix, auténtica autopista del uso revolucionario de la guitarra eléctrica, alquimista del psico-blues eléctrico, precursor de géneros y estilos, alma libre y destartalada. James Marshall sigue representando todo lo que el rock es o tendría que ser y cómo tendría que sonar. Incluso lo que no tendría que ser, considerando que murió demasiado joven y ahogado en sus propios vómitos. Mala praxis o una mala noche. O una buena noche de la que nunca despertaría. Ese gran Jimi Hendrix.

hendrix

Su espíritu libre –y libre su Stratocaster– sigue siendo una inspiración. Acaba de editarse el show entero de Monterey Pop (su primera actuación real en Estados Unidos), cuando sentó cátedra escénica, musical y pateó el tablero del rock para siempre. Una edición completa con descartes del festival y el show completo de Jimi que termina con fuego y sexo en la guitarra. Probablemente la más grande leyenda del rock (hasta el asesinato de John Lennon o el suicidio de Kurt Cobain) y el rock-god brother y mestizo por excelencia (con permiso de Little Richard y Chuck Berry).

Heredero del blues y de la conciencia cósmica, Jimi deja un legado de curiosidad musical, de fluidez en el instrumento, de personalidad y de sonidos que mucho vale la pena conocer viendo sus conciertos en videotape o escuchando sus discos experimentales, grabados en la Gran Bretaña o en su estudio de NYC.

Hoy sería padre y abuelo. Posiblemente sí.

Qué música habría hecho en estos demasiados años sin Jimi seguirá siendo una interesante incógnita.

Miles Davis asistió a su funeral.

27 de noviembre de 2007


calamaro

Fragmento tomado del recientemente aparecido libro Paracaidas y vueltas (diarios íntimos) de Andrés Calamaro (Editorial Planeta, 2015).