Cuando Eddie Cochran compuso su inmortal e sardónica “Summertime Blues”, a fines de los años cincuenta, seguramente nunca imaginó la versión explosiva y más sardónica aún que de ella haría The Who once años después, pero mucho menos imaginó la forma como un oscuro y denso grupo de la ciudad de San Francisco transformaría a aquella simpática melodía en un atronador y pesado rock blues, tan atronador y pesado que para muchos especialistas fue la primera manifestación de lo que hoy conocemos como heavy metal.

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Blue Cheer era el nombre de aquel trío conformado por Leigh Stephens en la guitarra, Paul Whaley en la batería y Dickie Peterson en el bajo y la voz principal. Su estilo no concordaba con el que imperaba en la zona del norte de California en aquel año de 1968, cuando la psicodelia y la filosofía hippie, con sus mensajes de amor y paz y su optimismo rampante, se traducían en otro tipo de música, mucho más melódica y luminosa. Lo de aquellos tres impresentables sujetos era un rock lodoso, sucio, muy urbano, que ejecutaban a un volumen inusual, de altísimos decibeles, un rock que destrozaba tímpanos y que poseía una fuerza antes jamás vista en escena o escuchada en discos. Ni siquiera el ya mencionado The Who o Cream o The Jimi Hendrix Experience tocaban con tal estruendo, con semejante densidad.

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El nombre de Blue Cheer derivaba de una marca de LSD que vendía (entonces esa droga era todavía legal) el químico Owsley Stanley, miembro del equipo que rodeaba a la agrupación de folk psicodélico Grateful Dead. Su primer trabajo discográfico, Vincebus Eruptum, pudo quedarse en la oscuridad del más absoluto anonimato, pero gracias justamente al éxito comercial (por completo inesperado para los miembros de Blue Cheer) de su versión de “Summertime Blues”, la agrupación logró una súbita fama internacional que jamás supo capitalizar y que a final de cuentas resultó efímera.

A casi ya medio siglo de distancia de aquel su único hit, Blue Cheer conserva sin embargo su estatus como grupo de culto. No sólo hay quienes lo tienen como el verdadero precursor del metal, sino también de géneros y subgéneros como el stoner rock, el noise e incluso el grunge que a principios de los noventa encumbró a bandas como Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden. Su forma de elevar el volumen, hasta el punto del ensordecimiento, lo sitúa también como un antecedente de la obra de Sonic Youth.

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Este 12 de octubre se cumplieron seis años del deceso del cantante y bajista Dickie Peterson, quien falleciera en Alemania en 2009, a los 61 años de edad. Su muerte pasó prácticamente inadvertida, pero hizo que algunos pocos recordaran lo que hizo con Blue Cheer, una agrupación que tendría que ser revalorada y rescatada del olvido en el que hoy tan injustamente se encuentra.

 

 

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