Desde tiempos remotos, el ser humano ha invertido gran parte de sus esfuerzos teóricos, técnicos y científicos en edificar monumentos gigantescos, ya sea por la creencia de contactar a un Dios (Torre de Pisa), como símbolo representativo de una época (Torre Eiffel) o como emblema de su poderío (las extintas Torres Gemelas). De cualquier forma, el hombre siempre ha buscado la forma de materializar la grandeza que cree poseer y dejar un testimonio sólido de su paso por el mundo. Fue quizás hasta la Era de la Razón cuando comenzó a abrirse la posibilidad de apreciar el cuerpo humano como un monumento en sí mismo. Si bien las esculturas de la Grecia antigua resaltaban la belleza del cuerpo, estas eran una alegoría a dioses y semidioses. Posteriormente, las obras del renacimiento, como las de Miguel Ángel o Rafael, nos revelaban la búsqueda del perfeccionamiento humano, pero su significado está cargado de tintes políticos. Es hasta nuestra época que surge el culto al cuerpo, mismo que ha permitido, verbi gratia, el desarrollo de la medicina cosmética, el síndrome del shopping y el auge de la moda fashionista.

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El hombre moderno, consciente de tener un cuerpo (imperfecto o no), ha albergado la idea de que éste es el único lugar seguro para resguardarse. No es una idea alejada de lo que creía Descartes con respecto a la conciencia; por el contrario, gracias a él, nos hemos encerrado en nosotros mismos. Esto ha tenido connotaciones negativas, pues alimenta la vanidad, acrecienta el ego y exalta el culto al botox. Pero tal vez existe un aspecto positivo y se necesita de cierta sensibilidad para contemplar el cuerpo, corruptible y decadente, como la cáscara que puede contenernos benévolamente, de modo que el mismo cuerpo se convierta en la edificación que mejor nos represente. El dueto noruego de música electrónica, conformado por Svein Berge y Torbjørn Brundtland, conocido como Röyksopp, ha desarrollado esa sensibilidad.

Su álbum The Inevitable End pretende –a base de sonidos de sintetizador– edificarse como una descomunal obra que da cabida a las emociones más excelsas. Si bien, el título del álbum hace referencia a que los músicos asumieron como inevitable la muerte del LP, formato con el que habían trabajado en sus cuatro producciones anteriores, el mismo Svein ha declarado que en este disco pretendían componer temas en los que enfatizaran el contenido lírico, logrando piezas profundas e introspectivas. Muestra de ello es la melodiosa “Sordid Affair”, a cargo de Ryan James, y la descarnada “You Know I Have to Go" interpretada por el sufriente Jamie McDermott (The Irrepressibles). Ambos temas nos hablan de la dolorosa condición humana que va construyendo la personalidad.

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Röyksopp arribó a la escena de música electrónica en 1998 con los singles “Remind Me” (cantada por Erlend Øye) y “So Easy”. Debido al súbito éxito, en 2001 decidieron editar Melody A.M, un álbum en el que retomaron los sencillos con los que se dieron a conocer y con el que dieron a conocer su insaciable deseo por la experimentación, incursionando en el ambient, el trip hop y el house; ello no solo llamó la atención de canales de videos como MTV (que en aquel entonces dictaba tendencias), sino que les valió la admiración de los críticos de su natal Noruega y de la crítica especializada del resto del mundo. Sin embargo, aquellos primeros sencillos como “Poor Leno”, con el paso del tiempo se han desprendido de toda etiqueta. The Inevitable End no es la excepción, no es un disco exclusivamente de downbeat o synthpop, su pretensión es más ambiciosa, se eleva –tal y como si se tratase de una torre– hacia el cielo. Basta escuchar la hermosa y melancólica “Running to the Sea”, en la que Sussane SundfØr alcanza vocalizaciones que surcan las nubes y que bien podrían escucharse en un momento en que se ha llegado tan alto que al mirar hacia abajo sólo se puede expresar: I remember running to the sea / Remember falling to my knees.

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Vale la pena detenerse en el tema instrumental “Coup de Grace” que es resultado de sonidos producidos por una máquina. “Rong” es una composición que no sin cierta ironía nos hará preguntarnos what the fuck is RONG with you?, ya sea porque se repite insistentemente durante la canción o porque realmente hay algo raro en quienes se clavan en las ideologías. La electro-soft “Compulsion” y “Here She Comes Again” nos remiten a esa época cuando Röyksopp cautivaba tanto a su audiencia que hasta Apple Inc decidió firmar “Eple” para que fuese la música de presentación del sistema operativo Mac OSX Panther. “Thank You” de beat suave o “Skulls” de beat intenso nos recuerdan lo que hace mucho ya no graba Daft Punk.

Pero si creíamos que Röyksopp ya había llegado demasiado alto con estos tracks, no hemos reparado en que la pieza fundamental es “Monument”. Desde su título anuncia su grandeza, aunque debido a la vorágine de discos que inunda el mercado musical ha pasado sin loas ni vituperios en las revistas de música. “Monument” fue grabado en colaboración con la escandinava Robyn, quien es una multifacética vocalista dotada de una singular sensualidad y de una voz aguda contrastablemente melodiosa. Su estrafalario vestuario combinado con sus cadenciosos pasos de baile le ha impreso a las presentaciones de este dúo un carácter exótico y fascinante. El viodeoasta Stian Andersen en colaboración con Erik Treiman, ha sabido capturar esta esencia en vivo.

Lo que ocurre tras bambalinas durante giras descomunales ya no es un misterio, pero en este video Stian no sólo captura la fantasía que se produce durante los conciertos, sino la forma en la que se va construyendo la vocalista en el escenario. El cuerpo, susceptible de percibir toda clase de sensaciones, se va edificando a partir de ellas. Así mismo, la música tiene un papel preponderante para constituir la imagen que se desea proyectar. Por ello, con cada aplauso, grito y beat Robyn se reconfigura, se va construyendo ante los ojos de los espectadores hasta alcanzar una determinada altura, como si se tratase de una torre que va rompiendo el aire. Tan es así que al final del video parece que se ha elevado o que está flotando. “Monument” fue nominado al Grammy Award por el mejor video del año, pero lo importante es que The Inevitable End a cada momento que es escuchado por una atenta audiencia se va edificando en una sólida obra que probablemente sobreviva dignamente al paso del tiempo.