Me es imposible imaginar a Paolo Conte como el licenciado en Derecho que es o trabajando como un activo notario, aplicando cláusulas, extendiendo certificados o recitando como abogado alguna oscura ley en un tribunal. Imposible. Creo que él mismo tampoco se pudo imaginar así de por vida y prefirió evitarse esa existencia convencional de la que era egresado.

En cierto momento, optó por vivir las cosas de otra manera, sin reglamentos de por medio, y lo hizo de la mejor manera: dedicándose a la música, de la que desde niño había sido un gozoso estudiante. Primero lo hizo como compositor (en los sesenta), surtiendo a intérpretes populares. Pero no tardó en estar frente al público, cara a cara, exponiendo sus experiencias y exponiéndose como artista de lo cotidiano (a partir de los años setenta).

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Su educación de cualquier modo le sirvió como herramienta para el buen manejo de las palabras, del humor y de la observación. Conte sabe condensar en pocas estrofas la complejidad de ello y sube al escenario —a cualquiera— para enfrentarse a eso: a su propia identificación. Tal reto, reiterado durante cuatro décadas, el público lo suma a todo aquello que le gusta de él.

Este cantautor italiano es un ejemplo más que adecuado para darle sentido a esa relación artística de autorretratarse con música, porque canta de manera natural sobre sí mismo en sus canciones (hasta la más aparente bagatela cabe en ellas) y porque nunca pierde el perfil que sus escuchas (tan heterogéneos como heterodoxos) han convertido en una cara muestra de autenticidad, en una época en que la impostura es una práctica común en el medio.

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Paolo Conte es un músico y compositor del norte italiano (nacido en Asti, Piamonte, en 1937). Las influencias musicales que recibió de niño fueron gracias a un padre que no se plegó a las censuras del fascismo, las cuales demonizaban al jazz y al blues como “música degenerada promovida por los enemigos de Italia, que llaman cultura a esa cosa de negros y judíos".

Las partituras compradas de contrabando por su progenitor le dieron, junto a sus clases de piano con ellas, el mapa de la ruta a seguir y en ella se ha mantenido a lo largo de los años, implementando sus certezas y expandiendo sus posibilidades. Aquella música fue un refugio contra las imposiciones ideológicas, una manera de enfrentar a dicha realidad y de abrir una ventana al aire fresco y a la imaginación.

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Con el tiempo fue también una forma de escape de una vida leguleya y hacia una existencia diferente. Abandonó la oficina notarial para hablarle a Italia y al mundo en general de los placeres cotidianos a los que él concedía el mayor valor. Desde un helado de limón a los colores como el azul y, en medio de todo ello, el amor y sus veleidades, las sonrisas de las mujeres o los intersticios del ritmo de lo cotidiano y sus momentos.

Su obra desde el comienzo fue bien recibida y acogida con beneplácito en todos los lugares donde la ha interpretado. Las comparaciones con artistas semejantes no se hicieron esperar (Jacques Brel, Leonard Cohen, Tom Waits). Lo cierto es que en la actualidad es ya un clásico intemporal, fuera de cualquier moda o tendencia que no sea la suya.

El mundo reflejado en las canciones de Conte tiene muchas influencias de las estéticas surgidas de la cinematografía y del jazz (aprendido de los professors y doctors afroamericanos, especialistas de las variedades: Earl “Fatha” Hines, Fats Waller, Willie The Lion Smith), así como del mundo circense o del cabaretil (ha incursionado también en el musical con Razmataz y el soundtrack con La Freccia Azzurra), lo que además le proporciona a su obra un toque onírico.

La lírica de sus canciones (contenida en más de una docena de álbumes grabados desde 1974) se sustenta en una ornamentación instrumental brillante y ecléctica (que incluye al tango apátrida, músicas del Mediterráneo o experimentos con la world), pero sobre todo en la de la era del jazz, “de cuando éste aún no tenía ni dramatismo, ni urgencia, ni carga literaria”. Entre sus discos recientes se encuentran: Elegia, Psiche y el muy aclamado Nelson.