El dúo hombre-mujer (o viceversa) es quizá la dotación humana más característica de la  música popular en lo que va del siglo XXI (los ejemplos sobran). Sin embargo, el origen de The Dø es único (francofinlandés), lo mismo que su pragmático aparato conceptual: la síntesis. De esto dan una muestra desde el nombre del proyecto, tomado de las primeras letras de los nombre de pila de sus componentes y que, además, deviene en la primera nota de la escala musical.

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Para la celebración de sus primeros diez años de existencia escogieron la cifra “3” para el trabajo que la festejaría, misma con la que emprendieron su camino en la escena contemporánea (en el 2005 lanzaron su primer EP con tres tracks, incluido “The Bridge Is Broke”, tema que estaba destinado a ambientar una pieza de ballet avant-garde titulada “Scène D’amour” del coreógrafo finlandés Juha-Pekka Marsalo).

La propuesta artística de The Dø ha sido desde el comienzo muy visual y el perfecto andamiaje para el trío de disciplinas artísticas en las que han colaborado con soundtracks: obras cinematográficas, lecturas poéticas y  danza. No obstante, tras su despegue exitoso el dúo optó por centrarse en lo discográfico y en presentaciones en vivo, ya que ambos espacios ofrecían mayor libertad para materializar sus proyectos basados en un terceto de estilos: el rock indie, el folk y el pop.

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Si su primer álbum, A Mouthful (2008), fue un ecléctico compendio de expresiones en indie rock en las que los dos integrantes mostraron su abanico de posibilidades, con aportaciones novedosas tanto compositivas como instrumentales y en el segundo, Both Ways Open Jaws (2011), lo hicieron desde el campo del folk con tintes punk que les valió el reconocimiento internacional, en el tercero el pop sintético y escanciado de Shake, Shook, Shaken los reafirma como excéntricos entes creativos y los  pone en la cima de las agrupaciones que realmente han marcado la ruta de la música popular en lo que va de la última década.

Este reciente trabajo, que completa una trinca sobresaliente, les llevó tres años en su hechura (con el mínimo aparataje: computadora portátil, software y teclado), lo bautizaron con sólo tres palabras (surgidas de un puro verbo irregular) y en él echan mano de tres manifestaciones para desarrollar, enlazarse y constituir el fundamento de su música: la emoción, el drama y la tecnología.

Lo primero corre a cargo de la finlandesa Olivia Merilahti, encargada de la melodía y las letras –con una profundidad que va del romanticismo al realismo urbano. Además de tocar la guitarra, los teclados y el ukulele, es poseedora de una voz dúctil con distintos registros que matizan lo necesario y ejecutan una vocalización distintiva.

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El francés Dan Levy, por su parte, de formación clásica y académica, es responsable de la composición orquestal y los arreglos de los temas, además de tocar diversas percusiones, la batería, el bajo, la guitarra, la armónica, el sax, la flauta, el piano y otros teclados, el xilófono, el glockenspiel y las programaciones. Utiliza sus manejos y conocimientos de la música sinfónica para inculcarle el drama (quintaesencia de esta obra) a cada tema con sus arreglos y arsenal de instrumentos orquestales.

Si ella teje la enérgica melodía con su bagaje de cotidianeidad, él borda la filigrana y trabaja las estructuras y las esencias de este tapiz que lo convierten en algo especial. Mientras ella canta y cuenta sobre el hombre/mujer como una animal hecho de emociones, dudas y sombras existenciales (“Trustful Hands”, “Sparks”, “Miracles”, “Going Through Walls, “A Mess Like This”, por mencionar unas cuantas piezas), él arropa con precisión las narraciones con un cúmulo de detalles instrumentales en el mejor pop barroco contemporáneo (con énfasis marcado en un vigoroso beat marchístico).

Para amalgamarlo todo han recurrido en esta ocasión al mayor uso de la tecnología, la cual ha dotado a los tracks de diversas capas sonoras y del sentido dancístico de su experimental propuesta. La comunión de los elementos que componen el disco logra ponerle ligereza y naturalidad a este synth pop inteligente, en una nueva vía para el inquieto dúo al que no le gusta repetirse.