El viejo tópico de imaginar qué habría resultado de la combinación de la voz o el sonido de un músico con los de otro, separados por el tiempo, el espacio o la muerte, hoy es un reto con réplicas fascinantes. Por eso la propuesta del remix en el jazz electrónico (e-jazz) es un acto de placer estético, una práctica cultural hipermoderna para las generaciones 2.0.

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Haber evolucionado de esta forma ha hecho que el jazz haya seguido extraordinariamente en contacto con la fuerza impulsora de sus orígenes: la mezcla. Hoy, el e-jazz es un subgénero pleno de citas, referencias y contextos; es un fenómeno sonoro que se ha enriquecido con todo lo pasado y lo contemporáneo.

Los productores y DJ proponen un lenguaje diferente al de los músicos tradicionales. La verdadera función de sus improvisaciones nacidas de las máquinas es mostrar otros timbres, texturas y colores. Viajes hacia el sonido. Remezclar y reimaginar a Billie Holiday en este tiempo (a cien años de su nacimiento, con el nombre de Eleonora Fagan en la ciudad de Baltimore, el 7 de abril de 1915), por ejemplo, permite crear un collage de sonoridades que  irradia su voz hacia el nuevo mundo.

Debido a su alquimia en estas grabaciones: Remixed and Reimagined (del sello Columbia, con las aportaciones de Swingsett & Takuya, Nickodemus & Zeb, Poppyseed, Madison Park, DJ Logic, Count De Money y Tony Humphries, entre otros), la serie Verve Remixed (con Toro y Moi, Dzihan & Kamien, Tricky, Bent yJunior Boysetcomo remixers) o Alex Gopher en sus Chill Out Sessions, la corriente pone en jaque aquello de que dos cosas no pueden ocupar un mismo lugar en el espacio. Lo consigue por ubicua gracias al uso de la tecnología que todo lo transforma en aleatorio.

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Con el ingrediente remix en los múltiples estilos congregados para rendir tributo a la mítica cantante, los DJ ponen en sus tracks, al servicio del escucha, las prácticas de esta disciplina que ha creado un desdoblamiento musical constante, el cual permite una reescritura permanente, interminable y hasta polifónica. De esta forma los territorios de la Holiday y los nuevos productores se diferencian y se asemejan en una imaginería que se despliega con una producción rica, intrincada, elástica y alternativa.

En estas recopilaciones de remezclas los productores convocados se atreven, en algunos casos, a fragmentar la voz de la cantante, a aplicarle efectos de todo tipo o, incluso, a utilizarla en loops como sample con la base de sus grabaciones para el sello Columbia de los años treinta.

En los diversos tracks a cargo de tales ilusionistas sonoros, dicho aglomerado abarca jazz tradicional, rap, drum’n’bass, trance, latin rhythms, ragas, lounge, blues, triphop, big band swing, dub, downtempo, free jazz, programaciones, soundtracks, juegos electrónicos, cuts televisivos, grooves étnicos y sonoridades atmosféricas y ambientales.

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Los implicados en estas remezclas han optado por diversos enfoques. Los hay que, del original, sólo mantienen la voz de Lady Day y la sitúan en un contexto electrónico completamente diferente; los hay que optan por la misma operación resaltando algún instrumento (como un solo de trompeta); finalmente, otros prefieren mantener la estructura del original e introducir elementos contemporáneos con los que aportan un toque actual y/o bailable.

El instrumento del remix (que cuenta con la magia de poner a cantar o tocar a los vivos con los muertos o a los lejanos en el tiempo y el espacio), así como el infinito poder de la imaginación apoyado por la tecnología electrónica, se ponen a innovar e improvisar con el prurito de homenajear a la gran voz del jazz.

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El resultado es ambivalente, porque los productores que los firman son tan diversos y proponen acercamientos tan distintos que cada escucha optará por el suyo. El e-jazz se nutre de asimilaciones en las que va implícita también la invitación perene a desarrollar su concepto artístico con todo el horizonte por delante: es el hoy del ayer con las bases del mañana y Billie Holiday, la figura y efeméride cultural evocada como tributo y como testigo.