1) Hasta donde sé, que es bien poco, en la llamada música académica no se han dado plagios en el sentido de robarse la música de otra persona y capitalizarla como propia. (E insisto en llamarla académica —o música culta, clásica o buena música—, por que en lo que se refiere a la música popular sí han acontecido plagios memorables. Agustín Lara solía quejarse de que había sido víctima de tal o cual plagio, y a su vez otros músicos lo señalaban a él como plagiario inclemente.)

2) Naturalmente que plagiarse una sinfonía no ha de ser cualquier cosa. ¿Quién se atrevería a cometer semejante atropello? Sería imposible por varias razones. Para empezar, quien tendría que hacerlo sería un compositor. Un músico que se identificara con aquella voz, la del plagiado. Se estaría hablando de una obra sin estrenar. El ratero se allegaría la partitura —en la cual se registra la música de cada instrumento— y ya con ella en la mano se ocuparía de elaborar todas las partes, es decir la particella de cada instrumento. Como se ve, la sola idea de sentarse a reescribir tanta música suena descabellado.

Maurice Ravel

Maurice Ravel

3) Ésa es una cosa, y otra la admiración. Pensemos en Beethoven. Admirador de Haydn —en alguna época alumno suyo, aunque la amistad entre ambos no fructificó—, decidió hacerle un homenaje en el segundo movimiento de su cuarteto 13, el cual intituló Presto y que basta con escucharlo para percatarse de que está escrito a la manera de Haydn. Esto es más común de lo que podría pensarse. Por ejemplo, el violinista austriaco Fritz Kreisler era muy proclive a componer a la manera de fulano o de zutano. Maestro violinista del siglo XIX, sobre todo trajo a numerosos compositores del barroco a su legión personal. Lo hizo en tantos casos, que nadie sabe si simplemente componía música al modo de equis compositor o retrabajaba alguna obra que a él le parecía eminentemente violinística y que funcionaba bien para sus intereses. Un caso: el Preludio y Allegro de Pugnani-Kreisler.

Johannes Brahms

Johannes Brahms

4) Aquí es donde entra el tema de las variaciones, y que bien podría servir de ejemplo a incontables artistas. ¿Qué hizo Ravel cuando escuchó Los cuadros de una exposición de Moussorgsky, y que hizo Brahms cuando oyó los Caprichos de Paganini, y Schumann y Rachmaninoff cuando escucharon la misma obra, y Schoenberg cuando se desparramó en sus oídos el cuarteto en sol menor de Brahms? Pues simplemente tomaron aquella obra, la pusieron en el atril y la orquestaron o crearon variaciones alrededor de ella. Con lo cual lo que hicieron fue honrar al compositor y honrarse ellos mismos. Práctica que se sigue haciendo y que nadie ve mal. Es como si un escritor leyera el cuento “La Cuesta de las Comadres” de Juan Rulfo y a partir de ahí escribiera una novela. ¿Alguien podría reclamarle, si damos por sentado que bien podría intitularse Variaciones sobre la Cuesta de las Comadres? Creo que no.