Habría que preguntarse cuál es la razón del silencio discográfico. Hace casi una década, Screaming Headless Torsos, la banda liderada por David Fiuczynski, no editaba producción alguna. Ahora, luego de diecinueve años de trayectoria, aparece Red Code.

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No se trata de un álbum esperado, pues el trío hace una música que no se inscribe en ninguna de las tendencias imperantes. Su mayor desafío radica allí, en no ceñirse a estrategia mercantil alguna (no podríamos pensar que una canción titulada “Dead Christmas Tree”, atravesada por un ritmo hirviente, sea una muestra de oportunismo), en proponer desde la fusión un lenguaje propio.

El cuerpo del grupo, además de su guitarrista de impronunciable nombre, lo completan Daniel Sadownick (percusiones) y su nuevo vocalista, Freedom Bremner, un afroamericano que ha mamado del blues y del funk a partes iguales y  destila suciedad y grasa al momento de cantar.

Se apoyan en músicos invitados: el legendario Bernie Worrell en un corte, James Valentine (Maroon 5) en otro. La producción es responsabilidad de Ron Saint Germain (Muse) y no, no ha endulzado ni suavizado nada.

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Red Code es fuerte, agresivo. La guitarra del impronunciable recorre cada uno de los temas, pero a pesar de saberse dominadora también sabe de la riqueza de sus acompañantes y permite que percusiones, batería y bajo tejan un intrincado tapete sobre el cual erige los solos (“Code Red”, el corte abridor, lleva un solo ácido, pero la base es totalmente funk, recuerda un poco a Faith No More).

En medio de esa ensaladera, el trabajo está perlado de guiños. “Brooce Swayne” toma prestado algo de Prince, especialmente esa manera de encarar la parte vocal de Bremner que suena amable, pero jamás dócil. “Wizard of Woo”, con la colaboración del teclado de Worrell, es un homenaje a Parliament y Funkadelic, en el cual también aparece un poco de Herbie Hancock y su “Rock it”.

En conjunto, aquí hay que hincar el diente, “atascarse” del funk aderezado con blues, sicodelia y rock. A nuestro guitarrista de nombre impronunciable le da por coquetear con un poco de free jazz, pero se regodea en la rítmica negra, en el funk, aunque a veces para bailar estos sonidos habría que hacerlo envestido en un traje especial.

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No se trata de un regreso, en realidad Screaming Headless Torsos sólo se ausentó una larga temporada del mercado del disco, pero en directo estaban, como el creador, en todas partes. Esa ubicuidad, ese continuo tocar ha quedado plasmado aquí. Eso, más un vocalista que tiene todo para brillar, hacen a Red Code un candidato a disco del año…, aunque todos sabemos que edificaciones sonoras como la presente difícilmente se hará acreedoras a semejantes galardones.

 

David Cortés