Por alguna extraña coincidencia, es el concierto favorito de quienes gustan de los conciertos para violín.

nexos-beethoven-1

Va un ejemplo.

Alguna vez fui a la casa de una amiga que, según me había dicho, odiaba la música clásica. Es raro que a mí me interese la gente que odia cualquier cosa, así sea a las cucarachas. Y no digo que no esté bien odiar de vez en cuando, lo que no tolero es que ese odio se pregone, como si fuera un adorno que hiciera más lindo el atuendo. Bueno, pues fui a la casa de esta chica y luego de servirme una copa de vino tinto, que desde luego ella gentilmente me ofreció —por más confianza que tenga, se trate de quien se trate, nunca sería capaz de sentirme como en mi casa—, y que me invitó a beber mientras se ponía “cómoda” (¿por qué hay mujeres a quienes les fascina utilizar las expresiones que ven en las películas, como si de verdad fueran tan eficaces; se sentirán estrellas hollywoodenses?), me puse a revisar todo lo que había en la estancia, y no me refiero a los cojines de la sala ni a las típicas fotografías domésticas que colgaban de las paredes, sino a los libros, discos y películas que atiborraban los anaqueles, distribuidos por aquí y por allá, exactamente para dar la sensación de que en esa casa se respiraba cultura. Había de todo, pero no voy a aburrir a nadie hablando de otra cosa que no sea música. Así que vi algo que llamó poderosamente mi atención: que, en efecto, no había un solo disco de música clásica, excepto uno solo: el concierto para violín de Beethoven. Pero, ojo, y he aquí lo verdaderamente inusitado: que el concierto lo había en no menos de una docena de versiones, lo cual hablaba de un fanatismo exacerbado, por no decir ceguera trepidante, y en marcha, pues aquella colección, como cualquier colección que se digne de serlo, seguiría creciendo. Violinistas franceses, alemanes, rusos; israelitas, japoneses, chinos, polacos, italianos, estadounidenses… No es posible, me dije, cuando reflexioné que muy probablemente estaba delante de una esquizofrénica o cuando menos de una bipolar. ¿Dónde se había visto esto? Por mi cabeza cruzó la idea de salirme de ahí cuanto antes. Soy enemigo de meterme en problemas y allí se estaba gestando uno.

nexos-beethoven-2

Entonces apareció en la sala. Se había dado una manita de gato —no más, tampoco era para tanto, se habrá dicho—, y la verdad se veía prodigiosa, como esas mujeres que son mitad argentinas y mitad cubanas. Mucho más linda que quince minutos antes. ¿Cómo es posible que las mujeres cambien tanto con sólo quince minutos ante el espejo y, claro, más un instrumental que ya quisiera un médico cirujano? Por cierto, esa manita de gato lucía mucho más en el marco de un body negro y tacones del mismo color. Que era lo que traís puesto.

nexos-beethoven-3

—¿Por qué tienes tantas versiones del concierto de Beethoven? —le pregunté. Y antes de responderme, me ordenó que escanciara el vino en su copa, que pusiera la versión que quisiera del concierto —“tú eres requeteconocedor”, fueron sus finas palabras—, y que la besara.

Cosa que hice al instante. Paso por paso. Cuando hube satisfecho su curiosidad femenina, respondió aquella pregunta:

—Porque el concierto de Beethoven es la única música clásica capaz de estimularme para amanecer en los brazos de un hombre.

Dijo, me abrazó y se quedó dormida. O, mejor dicho, nos quedamos dormidos. Ambos, los dos. Ah, puse la versión de Uto Ughi.

nexos-beethoven-4

Discografía. Acaso podría afirmarse que no existen versiones superficiales de este concierto, porque es de ese tipo de música en que la belleza priva por encima del intérprete. Pero también es cierto que versiones como la de Heifetz, Kreisler, Oistrakh o Kremer son de verdad insuperables.

 

 

2 comentarios en “El concierto para violín de Beethoven

  1. lo leo desde la seccion cultural del finanaciero que bueno que ahora lo puedo hacer aqui.

  2. Buena historia, aunque creo que la versión de Yehudi Menuhin es la mejor. Saludos!