En su edición original en vinil, Trout Mask Replica, el álbum doble de Captain Beefheart (1941-2010) que produjo Frank Zappa en 1969, es una maravilla. Se trata de un disco extraño desde la carátula, con la fotografía del Capitán ataviado con una cara de bagre. En la contraportada hay una imagen un tanto difusa de la Magic Band, el grupo que con diversos cambios acompañó a Beefheart a lo largo de quince años. Al desdoblar la funda, ahí está la delirante alineación conformada por Zoot Horn Rollo, Antennae Jimmy Semens, The Mascara Snake, Rockette Morton y, por supuesto, el propio Captain Beefheart. Una foto sicodélica y solarizada muestra a la banda y encima destacan los títulos de las veintiocho canciones (escritas todas por Beefheart en apenas ocho horas y media) que no dejan duda acerca de su propuesta absolutamente atípica: “Dachau Blues”, “Pachuco Cadaver”, “The Dust Blows Forward ‘n the Dust Blows Back”, “She’s Too Much for My Mirror”, “Old Fart at Play” et al.

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Pero si esta es la parte visual, lo que en verdad importa surge al momento de colocar la aguja del tocadiscos en los cuatro lados de los dos platos.   Aun para una época a la cual hemos idealizado como revolucionaria y anticonvencional, la música que surge de las bocinas resulta desconcertante, sardónica, abiertamente provocadora. Eso y más era Captain Beefheart en su tercer álbum, pero así lo fue desde el primero (el Safe As Milk de 1967, con un muy joven Ry Cooder a la guitarra) hasta el último (el Ice Cream for the Crow de 1982).

Nacido en Glendale, California, con el nombre de Don Van Vliet, Beefheart comenzó a experimentar con la música a partir de mediados de los sesenta. Dadas sus inquietudes artísticas, pronto empezó a trabajar con alguien que las compartía de una y muchas maneras, el ya mencionado Zappa, quien había sido su compañero de clases en la preparatoria.

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Surrealista, innovador, provocador, las letras de Beefheart eran herméticas, muchas veces absurdas, mientras que su música abrevaba lo mismo del blues y del jazz que de la psicodelia sesentera, el avant-garde y la música concreta. Poseía una voz privilegiada, con un rango que alcanzaba las cuatro y media octavas. Su timbre habitual parecía heredado del bluesero Howlin’ Wolf.

Después de Trout Mask Replica, Van Vliet grabó varios álbumes más, siempre con su Magic Band, entre ellos maravillas delirantes como Mirror Man (1970), The Spotlight Kid (1972), Shiny Beast (Bat Chain Puller) (1978) y Doc at the Radar Station (1980). En 1975, había producido con Frank Zappa el fantástico álbum en concierto Bongo Fury.

A partir de mediados de los ochenta, Beefheart abandonó la música o cuando menos la hizo un tanto de lado, para dedicarse a su otra pasión: las artes plásticas, terreno en el cual, paradójicamente, obtuvo más reconocimiento público y de los medios que en el musical.

Cuando el periodista Eliot Wald le preguntó si había pensado en la posibilidad de hacer música más accesible, más comercial, el músico respondió: “No veo por qué uno tenga que hacer concesiones. Yo sólo voy a lo básico de tocar aquello que haga que mis manos se sientan bien y de cantar aquello que haga que mi voz se sienta bien. Todo es cuestión de sentirte bien con lo que haces”.