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Estoy en una cantina del centro, la Buenos Aires. Bebo un tequila doble, blanco, como debe ser. A solas, como dicta el protocolo de la derrota. “¿Una canción?”, escucho la pregunta. Es un trío que se ha acercado sigilosamente hasta mi lugar. “Nunca”, respondo, y los músicos dan media vuelta. “Oigan, espérenme un segundo, que me toquen “Nunca”, por favor.” Y añado, en un tono que recuerda al maestro de primaria: “Con todo respeto, ¿saben que su autor, el hombre que compuso esa canción, el gran Guty Cárdenas, hoy cumpliría cien años, que hoy se celebra su centenario? Aquí en México nadie se acuerda, pero Mérida está ahorita de fiesta” Me miran entre sonrientes y desconcertados. “¿Se la saben?”, insisto yo. Y, en vez de responder, comienzan a cantar. No podía ser de otra forma. Tal vez, por ser 12 de diciembre, ahora mismo habría de estar postrado ante una imagen de la virgen de Guadalupe; pero no, prefiero estar aquí. Este día y en esta cantina, porque no es posible separar la figura de Guty Cárdenas de las cantinas, y no porque haya sido un bebedor consumado, sino porque murió en una de ellas, el Salón Bach. En efecto, cuatro balazos retumbaron en el interior de aquel antrillo el 5 de abril de 1932. Llevaban un destino: cegar la vida de un joven de veintisiete años, Guty Cárdenas. Mucho se habló de ese crimen. Hubo quien dijo que simple y llanamente se trató de un pleito de borrachos; que Guty se había hecho de palabras con uno de los parroquianos, luego de cruzar brindis con él, y que de pronto el desconocido había sacado su pistola y vaciado la descarga en el pecho del autor de “Caminante del Mayab”. También hubo quien afirmó que en el trasfondo había un lío de faldas: alguna pasión que despertó el compositor, como tantas otras que le dieron vuelo a su existencia. Pero que ésta había tenido un fin trágico.

Gutybio09  Ciertamente, las canciones del gran trovador habrían de marcar una época y reafirmar una tradición. Guty Cárdenas provenía de una acaudalada familia productora de henequén que, aunque venida a menos, aún podía satisfacer una excelente educación para sus vástagos. Desde pequeño, Guty destacó por su inteligencia precoz, su disposición innata para la música y su afición a los deportes. Mientras que en la escuela obtenía diplomas por sus altas calificaciones y buena conducta, su corazón se hallaba muy cerca de la emoción deportiva. El futbol y el béisbol lo atraían como ningún otro deporte. Formó parte del equipo de béisbol Águilas de Veracruz —con el tiempo, sus amigos recordarían lo bien que se veía con su gorra beisbolera y lo feliz que se ponía cuando anotaba un jonrón y cómo lo festejaba más tarde, silbando melodías que nadie había escuchado nunca. En fin, la vida fue generosa con este hombre de inspiración profunda y constante. Pago lo que debo y les cuento a los integrantes del trío una anécdota de Guty Cárdenas que lo pinta de cuerpo entero. En Campeche, a la salida de una presentación, un chiclero se acerca y le regala su mercancía; pero muestra tal arrobamiento que Guty se sorprende y le pregunta a qué se debe su expresión. “Porque nunca había oído nada como su música. Usted es un dios”, le responde, y el músico se conmueve y complace al humilde chiclero en su más grande ambición: llevarle serenata a su novia. Aquella chica tuvo esa noche, a su ventana, al más celebrado compositor de México en ese momento, Guty Cárdenas, cantándole sus propias canciones. El trío se emociona y canta una vez más “Nunca”, esta vez por cuenta suya.

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Así como al siglo XIX le corresponden los conciertos de violín de Beethoven, Brahms, Mendelssohn y Chaikovski, al XX le pertenece el concierto de violín de Sibelius. Enorme obra, compuesta en 1903, acaso se trata del concierto de belleza más altanera y punzante. Su rival más cercano sería el de Alban Berg, intitulado A la memoria de un ángel, y desde luego los dos de Prokofiev. Y a propósito de Sibelius, símbolo finés por excelencia, se cuenta que cuando los rusos invadieron Finlandia, se le envió a un rancho para resguardarlo de los ataques aéreos; pero bastaba con que el compositor escuchara los aviones rusos, para salir al jardín y arrojarles piedras.

 

 

2 comentarios en “La inspiración de Guty Cárdenas

  1. Inspiradora, amorosa,… la nota… la música… la historia… la del trío y, sin duda, la del chiclero!! GRACIAS!!