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Rancho Shampoo. La dualidad: por un lado, el deseo de inscribir el discurso, de hacer mella, de propagar una idea, un sentir; por el otro, la imposibilidad de obtener ya no éxito sino atención con un nombre semejante. En realidad a él la difusión y lo que ésta podría acarrear le es indiferente, pues desde la aparición de su debut discográfico (Apache mudo, Indian Gold Records, 2011), sabe de imposibilidades.

Este año, Rancho Shampoo (flautas, cintas, voces, programación), apoyado en la Indian Gold Orchestra (Rubén Alonso Tamayo, guitarra, mini moog, maraca; Rodo Ibarra, bajo, percusiones; Hernán Franco, batería, percusiones; y David Bautista, sax y percusiones), entrega un EP vital, sugerente, indómito, una placa en la cual los sonidos étnicos se funden con la sicodelia y algo de rock progresivo, pero en la que predomina el misticismo, el misterio y la voz de los espíritus.

  El vuelo del golondrino (Static/ Indian Gold, 2013), el EP de marras, es un resumen sonoro de la cosmovisión de su autor. Se trata de una música construida a partir de una conexión cósmica superior y de la cual Rancho Shampoo sólo es el transmisor: “Creo que nuestros ancestros Rayovacs (sic) se han sentido olvidados durante varias décadas en las que ha imperado el egoísmo musical contemporáneo en el cual me encuentro inmerso. Hoy, cada vez que visito el Cerro Sangrado de la Panocha en Tecate y El Cerro del Centinela en Mexicali, Baja California, para tocar la flauta ancestral, las voces se repiten constantemente, voces cherokees, apaches y hopis, y esas voces aterrizaron a lado de la Indian Gold Orchestra, con quienes tuve la capacidad de escuchar el viento. A raíz de ese encuentro, pudimos desarrollar la habilidad de hablar con el Halcón”.

6109375bac40465c34ec2d9f2fc1562bPara penetrar el discurso anterior, habría que confrontarse con los sonidos, escuchar, como ejemplo, “Ancestro Rayovac”, corte en el que mientras el sax, las percusiones y la guitarra hacen florituras, el pulso machacante del bajo crea un tapiz sobre el cual el trance hipnótico viene dado por una flauta, unos coros en el fondo y una voz con un recitativo ancestral de tonos mántricos.

Pregunten a Rancho Shampoo por sus antecedentes, por sus influencias y la respuesta nos habla de una realidad ajena: “Son los cherokees ancestrales, los salmos, proverbios, cantares, hopis cósmicos, lakotas y kumiais del Estado de Baja California que suenan en el Cerro Sangrado de Tecate y que no dejan de sonar en el viento”. Escuchen “Atole de bellota” y el cuadro, la percepción cambia: sobre una profusión de percusiones salvaje, agitada, el contraste lo aporta una flauta ancestral, una voz de otros tiempos y de ese cuadro abigarrado, en apariencia monocromático, surge el vínculo, la conexión cósmica con el tercer cielo, “con los ancestros Rayovacs que moran allí con el fin de guiar a los creyentes auditivos frente a los guerreros naturales” y de quien es representación Rancho Shampoo.

Y es que la música de este misterioso personaje, alimentado de las vibraciones del Cerro Sangrado de la Panocha, es una simbiosis entre la desolación de un desierto, los  espacios aún vírgenes y las atmósferas limpias y cristalinas y la urbe y sus miasmas. “Relámpago triste”, como muestra, comienza con sonidos de la naturaleza, aves, la voz de un sacerdote (¿?), truenos y luego se mezcla con un bajo motorístico, cercano a los pulsos monótonos del krautrock, un saxofón y unos gritos más afines a las artes marciales, creando con ello una composición hipnótica, sucia y densa,  elevada y liviana al mismo tiempo. Es un cuadro de aparentes tonalidades blancas y negras, pero que en realidad es un mosaico colorido.

  El vuelo del golondrino es un EP condenado desde su nacimiento, la clase de producción que no sabe de contenciones, el disco que se rehúsa a ser encasillado y cuya libertad le permite volar y explorar territorios que no son originales, pero sí susceptibles de nuevas combinaciones. Sí, a veces entender las palabras de Rancho Shampoo puede ser complicado, pero si uno se adentra en su música, si uno acepta el desafío planteado, entonces también se derrumbarán esos estereotipos que impiden comunicarnos con otras dimensiones: “Hoy día necesitamos un mensaje, buscamos donde nada hay que buscar. Las tormentas surgen de la nada y la nada es nada. Moverse entre una y otra corriente musical da como resultado el estremecer el espíritu, la mente, el cuerpo, la sensación de ser tú quien crea esas ondas auditivas. Derribar a los impíos que se mantienen de pie a los bordes del río es nuestra constante lucha, llevar las ondas musicales más allá de lo que algunos seres humanos pretenden, a ellos es a los que debemos derribar”.