Hay músicos y cantautores tan grandes que siempre influenciarán a otros semejantes. JJ Cale fue uno de ellos. Y no es cosa de clonaciones, sino que de sus diversas lecturas se enriquecieron los Clapton, los Knopfler, los Young, los Petty… Otros grandes músicos al fin y al cabo. Cale brotó de un tiempo y un lugar en los que el polvo mandaba en las vidas y en los destinos. Sin embargo, sus alforjas no estuvieron cargadas con la rispidez de ese elemento en bruto sino con la finura pasada por un cedazo único.

JJ Cale nació el 5 de diciembre de 1938 en Oklahoma City, Oklahoma, en el preciso momento en que un fenómeno climático conocido como dust bowl (cuenco de polvo) creaba un desastre natural que afectó a todo el Medio Este estadounidense. La sequía y el fallido manejo del suelo, aunados a los vientos, levantaron grandes nubes de polvo y arena tan espesas que tapaban el sol por días enteros; a esas polvosas tormentas se les llamó “viento negro”. Ello provocó una severa crisis económica.

El triste momento histórico fue tratado en la literatura por John Steinbeck en la novela The Grapes of Wrath (Las Uvas de la ira) y por las canciones de Woody Guthrie, otro oriundo de Oklahoma. Y mientras este último, enclenque y hambriento, partía rumbo a California por la recién inaugurada Ruta 66 en Tulsa, la familia de Cale llegaba a esa ciudad del estado por la misma vía, para intentar mejorar su vida. JJ (cuyo verdadero nombre es John Weldon Cale) optó desde muy joven por la música.

Con Cale apareció el “Tulsa Sound”, una combinación de música popular folclórica rural, polka, dixieland y blues que contenía también el rockabilly, complemento de la ya de por sí rica sonoridad regional. Desde su primer disco grabado como Johnny Cale, Shok Hop (1958), sus características como músico afloraron: guitarra de solos moderados y ligeros en el punteo, ritmos shuffle relajados con cambios simples de acordes, voces dobladas y letras agudas que reflejaban el acontecer cotidiano. Sencillez y naturalidad sin artificios.

En los sesenta se presentó en el Club a Go-Go con The Leathercoated, uno de los grupos que formó en sus comienzos, pero el dueño del lugar le cambió el nombre de pila por la confusión que podría haber con un miembro del Velvet Underground, John Cale. Así que desde entonces fue apodado “JJ” (sin puntuación). Ahí grabó en 1966 A Trip Down The Sunset Strip. Tras él se convirtió en músico sesionista. Sería hasta cinco años después que arrancaría su carrera como solista con el álbum Naturally. Hasta la fecha habían aparecido veintidós discos más bajo su nombre.

El leid-back de JJ Cale, quizá su característica más significativa, era una técnica difícil de imitar, pero fácil de distinguir por su calidez, feeling y emotividad trasmisoras de quietud y sosiego. Eso mismo le acarreó muchos seguidores con el tiempo, más músicos que público. A ambos los fascinó por ser único, mágico, personal y envolvente. A músicos como Eric Clapton, por ejemplo, que popularizó sus temas “After Midnight” y “Cocaine”, su estilo siempre le pareció la mejor técnica que conocía.

La lista de músicos que le tributaron elogios e hicieron versiones de sus piezas es larga e impresionante por los nombres contenidos en ella y va desde The Band hasta Santana, pasando por Tom Petty y los Rhythm Kings de Bill Wyman. Sin embargo y a pesar de ser excelentes cóvers, las piezas originales resultan siempre y bajo toda prueba indiscutibles e insuperables y la obra de Cale, en general, habla sobre todo de una regularidad inaudita en la escena musical durante más de cuarenta años.

La fama es una de las cosas con las que tuvo que lidiar. Le estorbaba y la rechazaba a rajatabla, le huía siempre, como cuando abandonó la gira en la que estaba como telonero de Traffic. Lo abrumó la popularidad y optó por marginarse desde entonces.

Era un ermitaño que vivió primero en las afueras de Nashville, en una casa-remolque, y luego en el desierto al sur de Los Ángeles, para terminar en un rancho cobijado por la arena del desierto de San Diego al final de lo que fuera la Ruta 66. Rara vez concedió una entrevista. En su último disco, Roll On, se encargó de tocar todos los instrumentos y de la producción (hecha en su estudio casero) en la mayoría de los temas.

Así fue de independiente uno de los cantautores más importantes y reconocidos de la historia del rock, al que el negocio musical lo tenía sin cuidado. Cale grabó sólo catorce discos de estudio en cuatro décadas, con largos periodos de silencio entre ellos. Se vestía regularmente con una camiseta y unos vaqueros raídos (no de diseñador). Eso y una guitarra era lo único que decía necesitar este hombre que iba y venía del polvo para vivir y ser feliz.

Cuando uno escucha sus discos se lo cree y también se está feliz y relajado con esa voz y el sonido de su guitarra, productos de un sensible tamiz de naturaleza humana, que hoy ya ha pasado al Pantheon de la eternidad. JJ Cale falleció ayer 26 de julio. Las noticias dijeron que de un ataque al corazón. Pero la realidad es que polvo era y en polvo se convirtió para que su música siguiera volando con el viento, como lo anheló en una de sus mejores canciones.