Hay discos que te prenden de la solapa y te arrinconan; de la mano de ellos aprenderás de la violencia y sus intersticios; otros, glamorosos, cargados de lentejuelas y lamé te deslumbran, pero cuando ha pasado el encandilamiento te abandonan. En realidad, hay muchas clases de discos; pero los mejores, creo, son esos que te llaman suavemente, te invitan. Se presentan de improviso, envían el anzuelo y uno pica en él; pero en lugar de recoger el sedal abruptamente, dejan que te revuelvas y se aprovechan de tu resistencia para convencerte poco a poco. Esas placas te acompañan toda la vida.

  Soné que dormía (Universidad de Guadalajara, 2013) es uno de esos álbumes y su autor se llama Alfredo Sánchez, músico veterano de impresionante palmarés cuyos caminos lo han llevado por grupos como Escalón, Ars Antiqua, El Personal, Forseps y a tocar en los grupos de Jaramar y Gerardo Enciso.

Sánchez, de especialidad guitarrista y tecladista, declara poseer muchas influencias, desde el rock de la década de los sesenta y los sesenta, hasta el progresivo, sin olvidar a cantantes como Cat Stevens, Leonard Cohen, Paul Simon o George Harrison, así como el folclor de diferentes países. Lo que no declara, pero es evidente, es la cantidad de amigos que a lo largo de su vida se ha granjeado. Varios de ellos lo acompañan y dan lustre a su segunda  producción (en 2005 editó Primeros pasos), entre ellos José Fors, Frankie Mares, Alex Otaola, Omar Ramírez (también encargado de la producción), Trino González, Helena San, Ugo Rodríguez.

“Qué tal si sí” abre el disco, una bellísima canción en la que su autor plantea esa incertidumbre que en ocasiones amenaza con derrumbar a los seres humanos. La duda es encarada por Alfredo Sánchez con distanciamiento y su voz, aparentemente neutra, retrata ese vaivén que va del optimismo a la desesperación. “Qué tal si cuando regrese todo cambió… qué tal si sí / qué tal si no”. Este detalle, esa pregunta que a muchos les resultará insustancial, aquí es bosquejada como una decisión épica, insoslayable y que encuentra en los coros finales ese refrendo de dramatismo. Es un corte que, en espíritu, se asemeja a algunas canciones de Leonard Cohen.

  Soné que dormía está marcado por la sutileza, por diferentes colores. En “Bajo perfil”, el acordeón subraya una voz lánguida y muy cálida, al tiempo que imprime aires mediterráneos; los impulsos jazzísticos se hacen presentes en “El enemigo”, “Tendría caso” y “Soñé” (una tercia marcada por una fina conjunción de elementos y pausadas cadencias), mientras “Si nos volvemos a encontrar”se acerca tangencialmente al reggae y en “Zen” la tabla imprime sonoridades asiáticas.

Si bien el álbum se caracteriza por su uniformidad en cuanto a calidad, otro punto climático es “Pase lo que pase”, una composición que se acerca a la canción vernácula y que tiene sus mejores momentos en la entrada de José Fors en la segunda parte del tema, un solo de guitarra dolorido, resquebrajado (a cargo de Lalo Melgar) y la trompeta (Rodrigo Castro) que realza esa atmósfera de pérdida. Al final, como colofón, tenemos a Alfredo Sánchez en el piano y a Helena San en la voz para interpretar “No Love”, emotiva canción que  remacha  un trabajo que derrama intimidad.

No, Alfredo Sánchez no posee una voz que rinda de inmediato; pero su canto suena con convicción, se entrega sin restricciones y, apoyado por sus amigos, ha hecho un disco muy cálido, una obra que hay que ir desmenuzando, dejándola entrar poco a poco por los poros de la piel y que, al final, se adueñará de nosotros para convertirse en compañera fiel de por vida.

 

 

2 comentarios en “Alfredo Sánchez, obra de vida

  1. Que tal si sí, es algo como cuando eres adolescente y deshojas margaritas…todos sabemos a qué sabe eso..

  2. Habría disfrutado, sobre todo, al comprobar el llenazo. Más de 600 personas en la Sala de Columnas del Círculo y en las dos pantallas situadas en la antesala. Juntos por una vez los personajes políticos, los rostros populares, los amigos, los admiradores devotos y los lectores anónimos, los mismos que cada día desayunaban con sus columnas. A Fernando Sánchez Dragó, maestro de ceremonias, le correspondió abrir la función dirigiéndose a todos los asistentes. «Y a Paco, por si anda por ahí», dijo. «Claro que está», se oyó la voz de una señora en la fila de atrás.