La música de My Bloody Valentine tiene una cualidad neblinosa, humeante, borrosa. Es como si cada elemento instrumental se fundiera en una sola masa amorfa e informe, inasible, confusa; como si todo flotara y se moviera y las estructuras variasen tanto que ritmos, armonías y melodías tuvieran dificultades para encontrar su sitio… y, sin embargo, lo encuentran.

¿En cuál género inscribir a esta legendaria agrupación originaria de Dublin, Irlanda, donde dio sus primeros pasos en 1984? Difícil determinarlo, así de inclasificable es su sonido. Podemos decir que tiene elementos del noise rock y que entre sus influencias por ese lado estarían The Velvet Undergound, Sonic Youth y The Jesus and Mary Chain. No obstante, su noise se entremezcla con un dream pop à la Cocteau Twins, al tiempo que toma rasgos del shoegaze y del art-rock. En una palabra, tratar de definir a la música de My Bloody Valentine es tan difícil como inútil: prácticamente un imposible.

El cuarteto encabezado por Kevin Shields grabó tan sólo tres discos entre 1985 y 1991, lo cual abonó para convertirlo en leyenda. Su álbum Loveless es un clásico del rock de todos los tiempos y parecía que después de una obra de semejante envergadura, la disolución del grupo había sido una medida sabia.

Sin embargo, 22 años más tarde, Mi sangrienta Valentina ha regresado y lo hace con un nuevo larga duración, una joya etérea y de enorme belleza que poco le pide a Loveless y que sorprende por su frescura (aunque la neblina musical sigue ahí).

m b v es el título de este disco, aparecido apenas hace diez días. Se trata de una obra espléndida. La agrupación no se reinventa ni trata de sorprender (ya bastante sorpresa es su intempestivo retorno). Las nueve canciones que conforman el álbum son típicamente valentineanas. Elegante, hechizante, intoxicante, m b v es como un viaje por atmósferas calmas y sensuales, un plato repleto de delicias (como “she found now”, “is this and yes”, “new you”, “in another way” o “wonder 2”: sí todos los títulos, incluido el del propio disco, van con letras minúsculas).

Hay retornos que decepcionan. El de My Bloody Valentine, por fortuna, está muy lejos de hacerlo. Un álbum mayúsculo… a pesar de sus minúsculas.