Carlos-SantanaPor Sergio Monsalvo C.

¿Quién dice que a los viejos roqueros no se les pueden enseñar trucos nuevos? Los aprenden rápido y más en tiempos de crisis, como la que estamos viviendo.   Dicha situación ha obligado a los músicos veteranos a reinventarse, a encontrar otras fórmulas, a ataviar con nueva pedrería sus usados ropajes. Los nuevos trucos –para paliar sus modestas necesidades, rehabilitaciones a granel o alimentar algún hambriento ego– son varios (añadidos al elemento invariable de las presentaciones en vivo, únicas fuentes reales de ingresos).

Entre ellos están: grabar antologías con hits de artistas ajenos y salir de gira (para engordar el cochinito); grabar antologías de hits propios (autotributos) y salir de gira; grabar de nueva cuenta alguna de sus obras maestras (cuando las tienen) en un formato distinto y salir de gira (las tres opciones pueden combinarse entre sí).

Ejemplos recientes hay diversos. Entre los casos más destacados hasta el momento está el de Carlos Santana, quien lanzó al mercado un disco titulado Guitar Heaven: The Greatest Guitar Classics of All Time, en el cual interpreta temas de Led Zeppelin, los Rolling Stones, los Doors o AC/DC, con vocalistas invitados de diverso pelaje. Peter Gabriel, por su parte, más ecléctico, mezcló temas ajenos como “Heroes” de Bowie y “Listening Wind” de los Talking Heads y los amalgamó en el disco Scratch My Back con valores en ascenso como “My Body Is a Cage” de Arcade Fire o “Après Moi” de Regina Spektor.

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Con Going Back, Phil Collins aprovechó la ocasión para decir “cambio y fuera”. Álbum de estudio y de despedida de la escena que presenta versiones de clásicos del soul, con la salvedad de la gira por cuestiones de salud. Jeff Beck, a su vez, se pasea con Imelda May para presentar su Rock’n’Roll Party en un particular homenaje a Les Paul.

Los que han cambiado de formato para autotributarse son Lou Reed con Berlín y John Cale con Paris 1919. Ambos hicieron un remake con orquestas sinfónicas de sus referidas obras. En la misma tesitura, pero con una antología de exitosas canciones propias, están Ray Davies –quien realizó The Kinks Choral Collection, acompañado por un gran coro– y Sting –quien se encuentra de gira con Symphonicities.

En general, los resultados de todos ellos son ambivalentes, con excelentes momentos tanto como con otros sonrojantes que es mejor olvidar. Quienes se aventuraron hacia el rock orquestal o sinfónico conllevaron más riesgos. El caso de Gabriel es soporífero, mientras Cale, artísticamente, salió mejor librado que Reed, el cual le quitó todo el nervio y el malditismo a su obra original para que fuera mejor digerida.

Por su parte, Davies se mostró discreto en el uso del coro, cuestión que fue más pinturera que otra cosa. Además, iba en caballo de hacienda, puesto que es difícil equivocarse cuando se cuenta en el repertorio con canciones que son ya parte de la historia de la música popular de todos los tiempos (“Days”, “Waterloo Sunset” o “You Really Got Me”). Lo mismo se puede decir de Sting en cuanto al repertorio presentado primero en disco y luego ampliado con versiones en vivo y encores como  “Fields of Gold”,  “Desert Rose” o “Every Breath You Take”.

Las orquestaciones de este último se prestan al formato de manera desigual conforme al repertorio escogido. Unas presentan falta de ingenio y buena resolución (“Next to You”, por ejemplo), mientras que otras crean fusiones enriquecedoras que celebran, para bien, un subgénero (rock orquestal) que cumple ya medio siglo de existencia y en el que algunos, como los mencionados (viejos roqueros), apenas se inician (con trucos nuevos).

 

 

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