Enrique Martín y Álvaro Vega  han publicado un texto sobre la canción yucateca del siglo XX.* Ahí nos explican que:

Antes de ser “canción yucateca”, la canción compuesta en Yucatán fue romanza, barcarola, vals, mazurca, danza, habanera, guaracha o simplemente canción (las más de las veces una composición en compás 3/4 y tempo lento o moderato). En las últimas dos décadas del siglo XIX y la primera del XX, periodo en que la lodosa y provinciana Mérida se vio convertida en un París en miniatura, al conjuro de la riqueza generada por el henequén, las capas media y alta de la ciudad se entregaron al cultivo de la música con entusiasmo inusitado. […] El ruiseñor yucateco, cancionero publicado en Mérida entre 1902 y 1906, da una idea de lo que cantaba aquella sociedad. Entre las 436 letras que reúne […] se ha estimado que entre 130 y 175 de éstas se deben a compositores yucatecos.

Acá les presentamos una de las canciones más populares de uno de los primeros maestros yucatecos Cirilo Baqueiro Preve (1848-1910), mejor conocido como Chan Cil, el padre de la trova yucateca. “El trovador más popular de aquel tiempo, Chan Cil, tocaba el violín y la guitarra y era figura insustituible en los carnavales”.

Del propio padre de la trova yucateca, Laura Moguel y Felipe García interpretan a dúo este tema escrito en Maya: Ko’oten x-boox (Ven negra).  La letra y traducción aparecen en pantalla.

 

Otro clásico de Chan Cil – La Mestiza (Guaracha con letra del empresario Miguel Nogués, interpretada por Amparo Ochoa)

 

DICEN QUE SOY CABEZON

ESO NI QUIEN LO DUDE

SI ASI TENGO LA CABEZA

COMO TENDRE EL .. CORAZON

Bomba anónima


* El artículo que se cita aparece en una fabuloso libro colectivo coordinado por Aurelio Tello, La Música en México. Panorama del siglo XX, CFE-CONACULTA, México, 2010. Lo recomendamos ampliamente.

 

 

2 comentarios en “El padre de la trova yucateca

  1. Todo esto es excelente, solo hay que aclarar que el henequén no produjo la riqueza de las 30 familias conocidas como la “casta divina”, sino la explotación despiadada de mayas, yaquis y coreanos, y la revolución de Salvador Alvarado, solo los libero del esclavismo disfrazado de peonaje, sin darles la mas mínima indemnización por el atroz sufrimiento que padecieron en las infernales haciendas de Yucatán, antecesoras de los campos nazis de concentración y tampoco castigo como se debía a estos malvados, las pocas haciendas que expropio al principio de su mandato, pocos años después las devolvió, por esto los cobardes hacendados que huyeron a Cuba, regresaron al poco tiempo, felices e impunes, el líder corrupto de estas corruptísimas familias, (aun padecemos a sus descendientes, dedicados a crear inútiles campos de golf, para disfrutar sus frívolas y vanas existencias) Olegario Molina Solís, al morir anciano en 1925, fue enterrado con honores por el gobierno revolucionario de ese entonces, olvidando que fue secuaz y cómplice de Porfirio Díaz en la expoliación de las masas nacionales, como siempre la desmemoria tradicional de los mexicanos, por eso lo aclaro para que no se olvide, gracias a las espaldas ensangrentadas de los peones, la clases altas pudieron darse a la molicie y a componer cursis, ridículas, ripiosas y amelcochadas canciones que conforman la trova yucateca, tan cursis como las del rey de la cursilería mexicana, “el músico poeta” Agustín Lara.

  2. De los dorados tiempos de la Casta Divina

    Yucatán Insólito
    Roldán Peniche Barrera

    Eran los tiempos en los que, nos dicen nuestros visitantes ingleses Tabor Frost y Channing Arnold, era difícil no encontrarse con uno o varios millonarios por las calles de Mérida. El henequén dejaba muchísimo dinero a los industriales yucatecos y por toda la ciudad admirábanse palacetes y amplias residencias de muchos cuartos donde, además de sus acaudalados propietarios, residían ejércitos de domésticos y domésticas dispuestos a servir a los señores por el “cuarto y comida” consabidos de la vieja historieta de Gene Ahern.

    Pero ¿y los campesinos?

    Si los domésticos de las mansiones gozaban del derecho de contar con el cuarto y comida ya señalados, no era lo mismo con sus parientes, los campesinos de las haciendas, no otra cosa que esclavos cuyas cuentas de crédito siempre estaban abiertas y que nunca acabaron de pagar. Y claro, el contador del hacendado –nos dicen los ingleses mencionados- se encargaba de “arreglar” los números de tal manera, que los abonos que hacían los campesinos nunca aparecían y la cuenta permanecía intacta.

    Tiempos de oro… de los hacendados

    No del campesino, ni del panadero, ni de los basureros, ni siquiera de los policías. En una revista de la que no se nos da la fecha, pero que, de acuerdo con ciertos cálculos que hemos practicado, se publicaba en la postrera década del siglo XIX, leemos un anuncio a toda plana que reza:
    E. ESCALANTE E HIJO

    “Esta es sin duda la casa más antigua y acreditada de Yucatán: fue fundada en 1839 o sea hace 56 años.
    “Se dedica a negocios de Banca, Importación de Maquinaria, etc., y exportación de Henequén, Palo de tinte, Chicle, Cautchuc, etc.
    “Es además representante de varias Compañías de Seguros, Líneas de Vapores, etc. y cuenta con línea propia de Vapores entre Progreso y New York, con dos vapores mensuales que tocan Campeche”.

    Algunas de las Casas que representan:

    Royal Insurance Co., Cía de Seguros sobre Incendio.
    Royal Exchange Assurance Corporation
    Atlas-Manchester Assurance Co.
    Sun Insurance Office.
    James E. Ward Co. Lted. Línea Ward vapores americanos.
    LÍnea Harrison, vapores ingleses
    LÍnea Leyland, vapores ingleses
    Compagnie Generale Trasatlantique. Línea francesa. Societé Decauville Ainé. Vías portátiles legítimas Decauville.
    Otto Gas Engine Works, Máquinas de gas y gasolina “OTTO” Hews ét Phillips. Máquinas de vapor.
    Bigelow Co. Calderas americanas
    Richard Garret Sons, Máquinas inglesas
    Y otras muchas.

    Notas

    Claro, todo ese enorme surtido de maquinarias, vapores, seguros, etc. estaba dirigido a la industria henequenera. Además, es curioso observar que ya entonces llamaban “americano” a lo norteamericano, dándosenos la idea de que América son sólo los Estados Unidos y no todo el continente, noción falsa de la que todavía pecamos. En realidad, americanos somos todos, del Canadá a Tierra del Fuego, y no sólo los Estados Unidos (de Norteamérica).