Por Eusebio Ruvalcaba

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Beethoven. Dicen que Jesucristo le tuvo envidia. Le envió la sordera para silenciarlo. Pero no pudo. Mejor lo hubiera matado. Dicen que a Beethoven se le mira en el paraíso haciendo música. Que es incontenible. Nadie lo invitó y está ahí. Nadie le dijo ven y está ahí. Rodeado de ángeles, arcángeles, santos y querubines, vírgenes y mártires cuya misión es distraerlo. Conducirlo por  caminos equívocos. Las hojas de la música que deshecha, las arroja al vacío. Son las nubes que vemos pasar.

Painting_of_Gabriel_FaureGabriel Fauré. Se posesionó de la música a través de la palabra divina. De escasos años, estaba en una iglesia cuando escuchó cantatas de Bach. Sus padres creyeron que aquellas lágrimas respondían al llamado del sacrificio. Entonces fomentaron en él lasactitudes que devienen del arrobo. Pero el destino de Gabriel Fauré no era el sacerdocio. Sí era devoto de la paz y la contemplación. Mas en su espíritu cohabitaban la admiración por la belleza femenina ―Marianne Viardot se llamó su amor primero que lo dejó por otro y que generó en él su sonata para violín y piano― y el ímpetu sacro que hace del corazón de un hombre el mejor caldo de cultivo de la humildad. Que Fauré experimentó con algarabía. Con su Réquiem le hizo a Jesucristo el homenaje del corazón que sangra ―sigue habiendo el pecador que llora cuando lo escucha. La música de cámara de Fauré se levanta como la estatua de una Virgen al final de la jornada. Cuando ya no hay marcha atrás. Cuando el agotamiento ha llegado a su fin. Agotamiento que él experimentó en carne propia el día que sus oídos se negaron a escuchar más. Años antes de que la muerte lo hiciera suyo. Aún sobreviven en la campiña francesa quienes lo escucharon tocar aquel piano negro que lo antecedía. Cuando hablan de él, los ojos de aquellos hombres brillan con fulgor inusitado. Como si no hubiera existido. Como si Gabriel Fauré ocupara un sitio en el paraíso, sólo visible para los devotos de la melancolía.

Robert_Schumann-cadréRobert Schumann. Nadie como él ha entendido al corazón humano. Su música es la llave maestra para comprender al hombre. En su música bullen sentimientos de amor y de arte. En su música está Brahms. Y está su esposa Klara. Y su apuesta por hacer de la literatura y de la música el arte de las artes. Todo alrededor suyo era camino pedregoso. Siempre supo cuál sería su fin. Que la música le tendería la mano hasta levantarlo por los aires y que lo dejaría caer abruptamente. Era necesario su ejemplo. Nadie como él se ha acercado tanto al fuego de la creación musical. Esas llamas que tuvo la suerte de contemplar están en su música. Porque hay algo de ininteligible y desordenado en ella. Nada que ver con la perfección de Brahms. Nada que ver con la monotonía de Bruckner y de Mahler que lo sucedieron. Robert Schumann te extrae el corazón cuando lo escuchas. Lo hace polvo y luego lo esparce sobre las flores que pugnan por abrir. Por eso no se puede permanecer impávido cuando se le oye. Porque con él no es posible negociar. Nos lleva mucho camino andado y su huella se ha perdido en los bosques. Aférrate a su música como si fuera el leño en el naufragio. Escúchalo con devoción.

rachposeSergei Rachmaninov. El mundo le dio la espalda. Porque para él, Rusia era el mundo. Chaikovski le pasó la estafeta de la melodía. Con un mensaje que sólo Rachmaninov leyó y que traicionó: no abandones Rusia jamás. Porque las cosas habían cambiado y Rachmaninov veía la música a través de su libertad y de su fama universal. Cualquier país de este planeta habría sido dichoso de otorgarle la nacionalidad. Eligió Estados Unidos para vivir. Hasta sus oídos llegaban las críticas por su  enorme capacidad para componer lo que le dictaba el corazón. Y esto era mal visto. Para las vanguardias no tenía oídos, ni siquiera miradas de curiosidad. Y las vanguardias no tenían oídos para él, ni siquiera miradas de curiosidad. Rachmaninov firmaba su música sin la menor duda de lo que estaba haciendo. Le bastaba con que a él lo conmoviera. Que otros se preocuparan por descubrir nuevas armonías ―si es que pueden ser descubiertas, habríase dicho― y lenguajes que demolían estructuras musicales. Aunque en el fondo extrañara a aquellas oleadas de admiradores rusos que solicitaban un autógrafo programa en mano, con un exigente y gracioso por favor en los labios. A la memoria de Chaikovski compuso su trío Elegiaco. Nadie más en Rusia pudo haberlo hecho.

mozart

Mozart. Su perro se llamaba Pimperl. Una palabra que él inventó. Tendría cuatro años. Un modo de nombrar a la vida. De decir esto es la luz y esto la oscuridad. Esto lo que vive y esto lo que muere. Ni Jesucristo lo pudo haber hecho más sencillo.