Bill-Laswell-01Por David Cortés

Se le ha visto al lado de algunos de los músicos más brillantes de los últimos años y también como productor de álbumes trascendentales de las décadas pasadas. Su instrumento es el bajo, pero en la consola también se mueve con solvencia y a pesar de ser un músico inscrito en la vanguardia, sus intereses lo han llevado a experimentar con el reggae, el dub, el hip hop y el jazz. Fruto de esas pasiones son discos como Phantalasha y Dreams of Freedom, en los que echa mano del cut and paste para generar collages sonoros plagados de resignificación a partir de la obra de Miles Davis y de Bob Marley.

Bill Laswell ha dado vida a agrupaciones como Material y Praxis, combos de un solo hombre que funcionan más como proyectos que aglutinan, según sus necesidades, a músicos tan disímiles que en las manos de otro producirían extrañas y enfermas mezclas, pero que bajo su tutela ordenan el caos, aunque de una manera poco ortodoxa.

Acercarse a una trayectoria tan vasta y variada siempre resulta complejo, especialmente si lo que se pretende es la insana tarea de reducir lo irreductible, de confinar a unas cuantas palabras una trayectoria caleidoscópica. Laswell ha tocado al lado de John Zorn y de Toshiniro Kondo, músicos con los cuales ha crecido; pero también lo ha hecho con Jah Wobble (con quien ha hurgado en la profundidad de los secretos del dub), Pete Namlook (a quien le hurtó secretos de la electrónica) y jazzistas como Pharoah Sanders, Graham Heynes, Nils Petter Molvaer o Herbie Hancock.

En Profanation. A Preparation of a Coming Darkness (M.O.D. Technologies, 2010), el más reciente disco de Praxis, el grupo base, además de Laswell, se complementa con Buckethead en la guitarra y Brain en la batería; como satélites aparecen, entre otros, Mike Patton, Otomo Yoshihide, Tatsuda Yoshida, Rammelzee, Iggy Pop, etcétera. La paleta sonora oscila de cortes en los cuales el acento se pone del lado del hip hop, a temas ligados al rock duro, incluso pesado, en el que la turbulenta guitarra de Buckethead encuentra terreno fértil para explayarse.

Hay, también, momento de una gran densidad, especialmente aquellos en los cuales Laswell y compañía se rodean de las ideas vanguardistas, aunque por separado,  de Yosihide y Yoshida. Laswell es implacable al momento de enlazar tradiciones y atravesar fronteras. Tiene el espíritu del conquistador, las ansias del aventurero y la sed del colonizador. Del primero, el arrojo para la búsqueda de nuevos horizontes, de territorios si no vírgenes, por lo menos sí desconocidos para él; del segundo, la impaciencia, la urgencia por hallar la ruta desconocida que le permita descubrir la llave del universo de los sonidos; del último, la mala costumbre de impregnar, de preñar de su yo, aquello que se encuentra en los confines del mundo y, en apariencia, todavía en estado semisalvaje (Nagual Site, 1998; Imaginary Cuba, 1999; Mesgana Ethiopia, 2010).

En resumen, Bill Laswell tiene el don de la ubicuidad. Lo mismo podemos encontrar en su historia flirteos con el jazz (Last Exit) que con el hip hop e incluso la vanguardia extrema a la manera de Keiji Haino, el ambient al lado de Tetsuo Inue o el tornamesismo de la mano de Grandmixer DXT. Puede ser líder o un músico más, pero es innegable que, sea cual sea la situación en la cual lo encontremos, su impronta será imposible de pasar por alto.

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