Divine ComedyPor Sergio Monsalvo C.

Nunca será ocioso volverse a plantear la pregunta sobre quién es Neil Hannon. Es más, creo que debe hacerse cada vez que este artista saca a la luz un nuevo disco, porque con cada obra producida los epítetos elogiosos se multiplican sobre su persona, merecidos a cual más. El título reciente, Bang Goes the Knighthood, le atrae algunos también significativos: personaje baudelaireano o excéntrica flor del mal.

El dandismo que caracteriza a este irlandés del Norte (nacido en 1970) es un fenómeno que une vida, literatura y música. Porque no sólo la vida se refleja en su arte sino que, por lo regular, el arte se refleja en su vida. La actitud de Hannon es social y culturalmente una pose, un desafío y una arrogancia. Pero es también signo de una actitud de iconoclastia (musical, sobre todo). El triunfo de dicha actitud –y la manera en que la vive– se percibe en las líneas de sus canciones o en la disquisición teórica del concepto que plasma cada vez. Es, en fin, tanto un observador como un protagonista de la dantesca comedia del vivir.

De ahí el nombre de su proyecto: The Divine Comedy, con el que ya ha cumplido dos décadas de existencia. Un proyecto que lo mismo abarca la participación de un buen número de colaboradores –más que grupo– que el accionar solitario. Por ello Hannon puede parafrasear lo que Flaubert dijo con respecto a sí mismo (en relación con Madame Bovary): “Yo soy The Divine Comedy”.

Este concepto forma parte de una larga tradición de la música popular que se remonta a los años sesenta del siglo XX: el pop barroco, iniciado por Burt Bacharach, Phil Spector y Brian Wilson, entre otros, luego desarrollado en la Gran Bretaña para hacerlo English baroque (de los Zombies a Procol Harum, pasando por los Beatles y George Martin) y cuya progresión derivaría en el actual y cosmopolita pop de cámara (de R.E.M. al pop indie y alternativo, con su infinidad de intérpretes y matices). Es un estilo que incluyó (e incluye) elementos instrumentales (harpsicordio, oboe, flauta, violín, cello o corno francés, entre otros) y de orquestación de la música clásica (de tal periodo barroco y del consecuente romanticismo).

The Divine Comedy se encuentra entre lo más destacado de este rubro, al que Hannon le ha agregado su ilustrado referencialismo, producto de una vasta cultura individual: poesía moderna, romántica y simbolista, literatura de entre siglos; pintura prerrafaelista, expresionista y abstracta; cinefilia (surrealista, nouvelle vague, musical y de época) y pop musical contemporáneo.

Este bagage lo ha llevado a lanzar el lema bajo el cual se mueve The Divine Comedy: La elegancia contra la ignorancia. Un slogan de gentleman sin tiempo, en pleno siglo XXI. La seducción del arte es su consigna bélica de músico y hombre airado que se viste, habla, perora, canta y escribe elegantemente, como una forma de manifestar su disgusto y disidencia contra el hoy (contra el poder del vulgar ahora) para expresarlo en la estética de la creación.

Con Bang Goes the Knighthood (2010), su décimo disco, corrobora los acentos que lo han caracterizado en lo musical desde aquellas primeras muestras de Fanfare for the Comic Muse, Liberation, Promenade y Casanova: clase, refinamiento, sofisticación, excentricidad con sus propias leyes a contracorriente y, en lo letrístico, con escanciadas dosis de ingenio, inteligencia y escepticismo en su observancia del mundo actual.