eugenechadbournePor David Cortés
En los circuitos de la vanguardia, el nombre de Eugene Chadbourne siempre causa polémica. Para unos, su trabajo es muy importante; otros lo consideran un músico menor, una especie de entertainer sin rumbo, sin dirección. Su instrumento natural es la guitarra, aunque también se ha especializado en tocar el banjo. Su filiación inicial es la de roquero, pero su interés, sus lazos con otras personalidades de la escena, lo han llevado a cultivar el blues, el country, el bluegrass, el free jazz y el noise.
Si buscamos un estilo o una corriente en donde ubicarlo, resulta imposible. Lo mismo hace covers —más deformaciones que  recreaciones— que extrañas improvisaciones, en las cuales se vale de cualquier fuente sonora para alterar el sonido de su guitarra. Va de la abstracción, de la sucesión de ruidos, a piezas totalmente humorísticas y puede hacerlo varias veces en la misma composición. En realidad, cuando uno habla de Eugene Chadbourne es imposible tomarlo con solemnidad. Cuando canta (y lo hace muy seguido), está lejos del preciosismo, incluso en ocasiones de lo medianamente aceptable. Lo hace como si estuviera en la ducha, con desparpajo, sin importarle si es disonante o a veces hasta desafinado; pero muchas veces es porque su voz se vuelve un instrumento más. De allí el sobrenombre de “El Loco”. No obstante lo anterior, es un tipo que puede presumir de haber tocado con músicos tan disímiles como Fred Frith, John Zorn, Derek Bailey, Toshinori Kondo, Violent Femmes, Zu, Andrea Centazzo, Tom Cora, Jim Black, etcétera. En 1978, grabó su primer álbum en solitario: Volume One. Solo Acoustic Guitar. Más tarde, formó al grupo Shocabilly (1982-1985), pero el grueso de su producción se ha gestado en solitario.
Chadbourne es impredecible. Estableció su propio sello discográfico, House of Chadula, y desde sus cuarteles inunda al mercado con discos CDR, siempre atiborrados con música imaginativa, desafiante, improvisaciones en las cuales parece no haber sentido, temas con su guitarra acústica sobre las cuales graba conversaciones, fragmentos de películas, audios radiofónicos y estos platos regularmente aparecen con portadas hechas a mano, mal impresas, alejadas de toda concepción de lo bello, con imágenes construidas mediante collages, a partir de retazos de periódicos.


Sí, las carátulas de sus grabaciones las más de las veces repelen. Si uno quiere guiarse por la imagen, jamás entrará a este universo polifónico de voces sugerentes, estrambóticas, divertidas, llenas de sarcasmo.
Por la descripción anterior, no deja de sorprender que un músico tan poco difundido en México, tan poco conocido incluso en su propio país de origen (Estados Unidos), haya recibido la atención de un par de compañías independientes nacionales. En 1999, Genital Productions editó un cassette —ahora inconseguible— titulado Facts About the Conquest of North America (Greatest Experiments). Ahora, otro sello pequeño lanza una recopilación de lo “mejor”  que este músico ha perpetrado en su trayectoria.
Viajando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo con el loco Dr. Chad, (Diógenes, diogenesmusic@gmail.com) es un álbum doble —el primer disco va de 1976 (“esta es la pista inicial de mi segundo LP”) a 2006; el segundo viaja desde 2007 hasta 1973— que puede servir como puerta de entrada a la obra de este desconocido guitarrista.
Dentro de una amplia discografía, el álbum de marras cubre cada uno de los momentos que Chadbourne, ya sea en grupo o como solista, ha abarcado en treinta y cinco años. Es un breve bocado, pero para quienes desconocen su trabajo, seguramente se trata de la apertura a un universo en donde el requisito es entrar libre de prejuicios y estar dispuesto, auditivamente, a todo.