neuPor David Cortés

Hace unos días comenzó a circular una caja que recoge, en acetato y edición de lujo (libro de 36 páginas con una historia de la banda y tributos de Brian Eno, David Bowie y Damon Albarn), la obra completa de Neu!: tres álbumes Neu!, Neu! 2, Neu! 75, el hasta ahora inédito Neu! 86 (fragmentos de éste se editaron en Japón bajo el nombre de Neu! 4), más un 12” con ensayos de 1972. Todo un suceso, sobre todo porque durante años estas joyas del rock alemán no habían podido reeditarse. Sirva esto como pretexto para hablar del krautrock, una vertiente nacida en la Alemania de fines de los sesenta y principios de los setenta y que marcó un periodo importante en la historia del rock que muchos citan, aunque muy pocos conocen.
Uno de ellos es Julian Cope, autor de Krautrocksampler (1995), libro nacido más de la afición, la buena voluntad y las ganas que del conocimiento. Acerca de éste, escribe Norberto Cambiasso en Esculpiendo milagros (http://esculpiendo.blogspot.com) que sus puntos de vista son “fuertemente subjetivos y bastante sesgados”.
Un par de años después, en un texto poco difundido titulado “The Real Krautrock History” (http://www.furious.com/perfect/krautrock.html), Klaus D. Mueller escribió, luego de leer el libro de Cope y su lista de 50 discos esenciales del rock alemán: “Hubo muy buenos, esenciales e importantes discos de rock, pero ninguno de Alemania (con sus excepciones, por ejemplo, Kraftwerk)”. El criterio de Mueller es estrictamente comercial y no toma en cuenta la influencia que esta música, nacida en el subterráneo germano, operó en Inglaterra y sus efectos en la música de, entre otros, Public Image Limited, David Bowie, Brian Eno y Ultravox (y actualmente en bandas como Cloudland Canyon, Bleak, Comets on Fire).
Acerca del tema se ha escrito mucho. Citemos aquí The Crack in the Cosmic Egg de Steve y Alan Freeman (texto enciclopédico, pero de nulo contexto); Cosmic Dreams at Play de Dag Asbjornsen —muy inferior al primero— (“Los Freeman, Julian Cope o Asbjornsen, todos creen que el krautrock es GRANDE y no conocen la realidad o no quieren conocerla. Sólo saben de la música por los discos que para ellos son raros, extranjeros y exóticos”, señala Mueller); y el reciente Krautrock. Cosmic rock and its Legacy, editado por Nikolaos Kotsopoulos. Prácticamente, el tema ha atraído el interés de muchos (Dave Thompson, Space Daze; Jim DeRogatis, Turn on Your Mind; Richie Unterberger, Unknown Legends of Rock ‘n’ Roll, son textos en los que se le dedica por lo menos un capítulo al fenómeno. Agreguemos aquí las biografías que repasan las trayectorias de Can, Faust, Tangerine Deam y Kraftwerk). Incluso la BBC realizó un documental en seis partes (http://www.youtube.com/watch?v=3B89-69icyc) para hablar del asunto.


Luego de 40 años, hay un velo sobre la música alemana porque, salvo algunas excepciones, el krautrock nunca llegó al mainstream y en su desconocimiento también incide el programa de reediciones poco sistemático que se ha dado alrededor de esta corriente (muchos de los discos del periodo han sido reeditados como bootlegs). También es cierto que, dado que la música actual desconoce términos como experimentación y riesgo, el krautrock todavía es una aventura para el oído y en muchos casos no ha perdido vigencia. El caso de Neu! bastaría para afirmarlo, pues aunque estos discos tienen más de treinta años de haberse editado, aún se escuchan frescos. Habrán de perdonar la dispersión, la brevedad para encarar una corriente que demanda de más detalle; sin embargo, como señalé en un principio, sea esto apenas un pretexto para adentrarse al krautrock o kosmiche musik —otro de los términos con el cual se le conoció— que, como señaló John Weinzierl, integrante de Amon Düüll, surgió porque “queríamos ser internacionales y tratamos de no ser anglosajones o alemanes, así que el espacio era la solución”.

 

 

Un comentario en “Krautrock, cara oculta del rock

  1. Primero que nada quiero enviarle saludos a David Cortés a quien ya tiene años que no veo. ¡Hola, David! En efecto, el Kraut es hoy visto por los fans del progre. como música exótica que nos refresca el oído y nos da muy buenos “viajes”. Que esas bandas no valían un pepino en su momento (como dijera Mueller) es algo que a los fans no nos importa… es más, pienso que eso se debía a cierto “malinchismo” teutón que a que en verdad fueran malas. Lo que pasa es que a Herr Mueller, que tiene derechos de impresión sobre algunas de esas bandas, NO le parece el hecho de que no sean commercial potential como a él le hubiera gustado, ¿verdad? y su verdadero poder resultara en influir en bandas de los ochenta, pero claro, a Herr Mueller eso NO le importa ya que de esas influencias él no gana NADA. Esa fue mi conclusión.

    José Bonilla Rincón.
    Apizaco, Tlaxcala.