yatkhaPor Sergio Monsalvo C.

Estamos en el comienzo de los años noventa. En Occidente acaba de surgir el grunge y Nirvana marca la pauta, tanto que sus sonidos han llegado hasta acá, a la ciudad de Moscú, ubicada en una cuenca frente al río Volga y rodeada de hielo. Es una noche fría y con ventiscas de nieve. En una habitación estudiantil, dos compañeros escuchan asombrados las composiciones de Kurt Cobain en Nevermind (uno de los efectos colaterales tras la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría). Ivan trata de seguir el ritmo con su teclado electrónico, mientras que Albert lo hace con una cítara siberiana y con su voz, al profundo estilo tradicional del kanzat kargyraa. Lo deciden. Actuarán así… y, efectivamente, lo hacen.
El joven compositor ruso de techno avant-garde Ivan Sokolovsky y el cantante y guitarrista tuvano Albert Kuvezin se presentan en auditorios, festivales y fiestas universitarias. Su repertorio abarca temas del folclor ancestral de Kuvezin, mezclados con las armonías del heavy metal, la psicodelia o el proto-punk. Su fórmula posmoderna ha dado resultado. Otros músicos se agregan al proyecto, aunque no de manera fija. Así graban sus dos primeros discos, Priznak Greyushii Byedi (1991) y Khanparty (1992).
Kuvezin decide regresar a su terruño, establecerse y enriquecer su oferta musical. Lleva consigo varias ideas que pone en práctica: forma una banda circulante, se encarga él de la guitarra eléctrica, interpreta canciones tradicionales caracterizadas por ese canto gutural y de doble tono (el mencionado kanzat kargyraa), con el apoyo de los instrumentos electrónicos típicos de esta época y a la inversa: canciones de rock tocadas con instrumental tuvano (violín de cabeza de caballo, cítara siberiana y percusiones hechas de piel de reno). Es del segundo de estos instrumentos que toma el nombre para el grupo: Yat-Kha.

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Bajo ese apelativo, salió su tercer álbum, homónimo, en 1993, con el sello General Records. De esta manera, Kuvezin puso a Tuva en el mapa (una república autónoma, exsoviética, ubicada en la frontera con Mongolia; cuenta con 172 mil habitantes que en su mayoría viven en la principal urbe del país: la capital, Kysyl), con su profundo y ancestral canto gutural que de primera mano despierta la asociación con las vocalizaciones lijosas del Captain Beefheart, Max Cavalera (del grupo Sepultura) o Tom Waits.
En sus siguientes discos, de Yenisei Punk (de 1997, producido por Paddy Moloney, líder de los Chieftains) a Re-Covers (del 2005), pasando por Dalai Beldri, la remasterización del álbum debut, Aldyn Dashka y tuva.rock, el grupo se ha ido sofisticando y lo mismo se le ha podido escuchar entre lo sombrío a la usanza del grunge, hasta con un sonido más sutil y proverbial. Las guitarras se han suavizado, los instrumentos regionales se han tornado más discretos y Aldyn-ool Sevek, otro integrante del grupo, alterna con la pesada vocalización de Kuvezin. El resultado es más elaborado y menos agreste.
Si en concierto suena como un Velvet Underground tuvano, con canciones gruñidas de doble tono y un sonido áspero y fuerte, en los discos han emprendido un camino más melodioso y accesible, pero no por ello menos emocionante. Tanto así que desde el 2001 se han convertido en un espectáculo global, al actuar como un soundtrack itinerante para acompañar el filme silente Storm over Asia (1928) de Vsévolod Pudovkin, uno de los más prestigiosos realizadores soviéticos junto con Sergéi Einsenstein. Kuvezin ha sabido incorporar todo ello a su concepto de una manera tan lúdica como contemporánea.