396739Por Sergio Monsalvo

El realizador cinematográfico Akira Kurosawa (nacido en Tokio en 1910) siempre dio mayor peso a la belleza (moral) de la lucha que a los motivos o los resultados de esta misma. Las secuencias de sus películas en las que esto se matiza son ciertamente impresionantes y conmovedoras, gracias al virtuosismo que despliega en ellas. Sus primeras cintas, desde La leyenda del judo (1943) a Un ángel ebrio (1948), son de los difíciles tiempos posteriores a la derrota de Japón tras la Segunda Guerra Mundial, revés que desencadenó en su país el derrumbamiento de los valores, un estado de desorientación social, privaciones y confusión. Los japoneses estaban urgidos de romanticismo y Kurosawa se los dio.
El director hizo aparecer en su obra a la mujer como sujeto luchador en los últimos años de la guerra y los primeros tras ella. Mientras los hombres estaban en el frente, las mujeres llenaron los huecos y se hicieron cargo de muchas funciones sociales. Para este creador, las mujeres desarrollaron una gran fuerza para enfrentar a la vida tras la destrucción de las normas. Con el tiempo, los japoneses recuperaron la confianza, emprendieron la reconstrucción del país y produjeron un increíble desarrollo económico.
Al convertirse Japón en una nación moderna, de masas y de consumo, Kurosawa consideró que ya no valía la pena el retrato. Para él, la sociedad cada vez más materialista olvidó el valor espiritual de la lucha y ya no le sirvió de modelo. Entonces se volvió hacia el género histórico. La lucha de sus héroes (esta vez hombres) se trasladó del ámbito interior al exterior y ubicó sus cintas en la época de las sangrientas guerras por la hegemonía de quinientos años antes: de Rashomon (1950) y Los siete samurais (1954) hasta Ran (1985).
Los muchos premios recibidos por Kurosawa en Occidente lo acercaron al público del resto del mundo. En 1990 fue galardonado con un Oscar honorífico, lo que supuso un gesto de reconocimiento que avaló toda una carrera dedicada al ámbito del cine. Su estilo narrativo, extraordinario y rico, tuvo muchos puntos de contacto con el cine clásico de Hollywood. En cuanto a los contenidos, predominaron las tragedias épicas, muy próximas al universo de Shakespeare.
Este realizador fue, sin duda, el más internacional de los cineastas de su país. Varias de sus películas han sido adaptadas en nuevas versiones por directores occidentales y directores como Steven Spielberg, Sam Peckinpah o William Wyler. Ellos, además de Francis Ford Coppola y Martin Scorsese, han reconocido su inspiración y admiración por él. Tras el homenaje de Hollywood, Kurosawa casi no trabajó debido a las enfermedades y finalmente murió el 6 septiembre de 1998, en su natal Tokio.


En la música, su influencia también se ha hecho notar a lo largo de las épocas. Sus paisajes, sus atmósferas, la poesía que envuelve a sus imágenes y narraciones, han sido percibidos por gente de diversas latitudes, como Enya, quien ha creado piezas con aroma celta para rendirle tributo. Asimismo, su compatriota Ryuichi Sakamoto (ver video) ha sonorizado algún pasaje de su obra con los tintes de su poleídrico talento.
De igual forma, grupos como The Mars Volta han aportado su conocimiento de los medios (video, comic, animación y fotografía), así como de la cultura popular, para desplegar un particular festejo a su nombre, el de uno de los cineastas más grandes de la historia del séptimo arte y que en 2010 cumple cien años de haber nacido para hacernos partícipes de sus sueños estéticos.

 

 

Un comentario en “Akira Kurosawa cumple cien años

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