Sade - Soldier Of Love [Front]Por Hugo García Michel

Tras diez largos años de ausencia discográfica, tras una larguísima década de impuesto autoexilio que la alejó de la música cuando menos públicamente, la cantante nigeriana Sade (pronúnciese Shardei) ha regresado cual hija pródiga y lo ha hecho con un álbum, el quinto en su carrera, que no desmerece en absoluto con aquellos grandes discos que grabó en los años ochenta, como Diamond Life (1984) o Promise (1985).

Diez años tenía la intérprete de “Smooth Operator” y “Jezabel” (cuyo verdadero nombre es Helen Folasade Adu) sin aparecer en el horizonte y ahora que vuelve, a sus 51 años de edad y con una madurez personal y artística envidiable, no podemos sino darle la bienvenida por el documento musical y letrístico con el cual justifica su retorno, el flamante Soldier of Love (Epic, 2010).

Si Lovers Rock (2000), cuarto álbum en estudio e inmediato antecesor de Soldier of Love, había sido un trabajo bueno a secas, fino pero poco trascendente, el nuevo plato es en cambio un exquisito y variado banquete en el que sabores, aromas y colores se entremezclan con sabiduría y buen gusto, pero sobre todo con esa sensualidad sin igual que permanece incólume en la voz y en el sentimiento de la africana avecindada en Londres.

Lejos de conformarse con un regreso sin gloria, con una reaparición que careciera de significado, Sade se ha esmerado en mostrar que sus mejores virtudes como intérprete y compositora siguen ahí, intocadas, y lo demuestra con una colección de diez temas sin fisura, una decena de canciones en la que no hay una sola que sobre o que pueda considerarse prescindible.

Desde la inicial “The Moon and the Sky” sabemos que estamos en territorios de insondable cachondería y seducción, incluso cuando pasamos por los tonos marciales de la sensacional pieza homónima, “Soldier of Love”, una de las joyas del disco. Otros temas excepcionales son “Morning Bird”, “Be That Easy”, “Skin” y ese semi reggae delicioso que es “Babyfather”, aunque como ya se dijo líneas atrás, todos los cortes resultan finalmente estupendos.

Sade ha regresado y tendrá que quedarse hasta que la falta de amor la separe de su música y de quienes la escuchamos.

 

 

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