gorillaz_plastic_beachPor Luis Reséndiz

Es complicado escoger de quién hablar primero al momento de enumerar los múltiples talentos de esta banda. ¿Damon Albarn, aquel frontman genial de Blur, personaje básico en la escena musical inglesa de los últimos veinte años? ¿Jamie Hewlett, comiquero más que brillante, mente inagotable? ¿Dan “The Automator” Nakamura, a quien deben mucho de su sonido, de todo lo que se deja escuchar en los discos? No lo sé. Lo que sí sé es que este combo ha generado tres discos ya que estarán grabados en la historia del pop mundial como un ejemplo de creatividad incontenible, deseo de innovación, buena música y ganas de divertirse.
Hay varias cosas relevantes en Gorillaz. Cuando aparecieron, por allá de 2001, resultaron cautivantes a varios por una buena cantidad de motivos, a saber: eran el nuevo proyecto de Albarn, quien venía con renovados bríos de la ruptura con Blur; eran una banda animada, plástica, inexistente (¿alguien recuerda a The Archies?), nacidos de la retorcida pero brillante mente de Jamie Hewlett, enfant terrible del comic británico; eran también, por mucho, lo que parecía la auténtica banda Y2K.
Mezcla de cartoon posmoderno, metaficcional, verdaderamente interactivos, desde un principio en Gorillaz la imagen superó en más de una ocasión a la música. ¿Qué “Clint Eastwood” es un gran tema? Claro, ¿pero ya vieron el video, los monitos, lo chistosos que se ven? La vox populi los convirtió en personajes pirateados sin conocer aún su música: pronto se pudo ver a 2D, a Murdoc, a Noodle, a Russell en playeras, mochilas y lapiceras manufacturadas por creadores de baratijas chinas en plástico de mala calidad. Símbolo e hija de su tiempo, la banda entró sin quererlo (o al menos eso supongo) al terreno de aquellos que ven a su imagen triunfar por encima de su discurso. Forma sobre fondo, seña de identidad inequívoca del siglo XXI.

http://www.youtube.com/watch?v=xqqh8tWEs5Q

Mas la banda no huyó de esto: al contrario, en un acto de asimilación y respuesta previsora, le dio a la gente lo que quería. Pop en imagen. Interactividad en pantalla: el sitio de la agrupación mostró desde el principio la auténtica interacción entre banda y fan. Juegos, imágenes, un puzzle que era un juguete que era un comic que era una banda. Sin descuidar jamás su música, la agrupación comenzó a dejar pedazos de tramas, piezas de argumentos/rompecabezas en sus videos, en los booklets de sus discos, presentaciones en concierto.
Ahora, casi diez años después de su primera aparición, Gorillaz (los personajes) están de vuelta como Gorillaz (la banda). Realidad fundida con ficción, cuarta pared, metaficción pop: estos changos han abandonado ya sus estudios Kong para mudarse a la Plastic Beach, isla artificial creada por toda la basura del mundo y una de sus integrantes ha sido sustituida por un cyborg/clon hecho con su ADN y piezas de batería. Así, lanzan ahora su tercer álbum –después de su fantástico debut, Gorillaz, y de su segunda placa, Demon Days– titulado, precisamente, Plastic Beach. El resultado ha sido favorable: siguen haciendo buena música, contando con colaboradores de primera línea y sonando más que bien.
Sin duda, Gorillaz es un juego y es realidad y es ficción y es actitud de cartoon aderezada con intensidad de cómic, brincos prediseñados, rock metaficcionado. Es un pop del mañana, un pop del futuro que, como sabemos, ya no es lo que solía ser.