robert-wyattSergio Monsalvo C.

“El ardiente sol le ablandó las alas y ya no pudo llegar al paraíso”. Como a Ícaro, al inglés Robert Wyatt el destino le transformó la vida. Si su semejante mítico tuvo que morir para convertirse en una metáfora, en Wyatt tuvo lugar un renacimiento para transformar a la música (finalmente su vida) en melancolía. Si el primero quiso volar para llegar al más allá, el segundo lo quiso hacer por sentirse inmortal. Cosas de la juventud.
Ambos son personajes mitológicos y de leyenda en sus respectivos mundos. Robert comenzó su vuelo al inicio de los sesenta con el jazz, el aprendizaje de la batería y otro estilo de vida. Formó al grupo Wild Flowers, embrión de un movimiento llamado “Escena de Canterbury”, parte importante de la historia del rock que tuvo como denominador común la búsqueda de una sonoridad diferente, mezcla inteligente de rock, jazz y psicodelia.
Entre las bandas más destacadas de la misma se encontraban Caravan, Gong, Henry Cow y la brillante Soft Machine que derivó directamente de las filas de Wild Flowers. Robert Wyatt fue elemento primordial de aquel conglomerado. Participó en los tres primeros discos de Soft Machine –que había tomado su nombre de la novela homónima de William Burroughs–, grupo que dio la pauta para el desarrollo del rock progresivo y del jazz-rock británicos.
La era de los descubrimientos, el hervidero de ideas, el juego de las fusiones embriagaron a Wyatt, pero también el exceso de alcohol y drogas. Fue despedido del grupo por ello. En una de aquellas fiestas pantagruélicas en que los aventureros de la nueva música se reunían para celebrarse, Wyatt se sintió con las plumas doradas suficientes para llegar al sol y se lanzó. Cayó de un cuarto piso y quedó parapléjico de por vida.

Una larga convalecencia y la pobreza lo obligaron –junto a su esposa, Alfreda Benge– a buscar refugio en apartados rincones de España y la Gran Bretaña. Ya no podía tocar la batería. Tiempo después, editó los discos The End of an Ear y Rock Bottom como solista (en las percusiones, teclados y voz). Lo acompañaron músicos como Mike Oldfield, Fred Frith y Nick Mason. No obstante, su trabajo en este sentido se redujo luego de la publicación de Ruth Is Stranger than Richard, para dar paso a una fuerte actividad en favor del comunismo.

Tras la caída del Muro de Berlín, abandonó al partido luego de diez años de militancia. Superó esa etapa. Sin embargo, se mantuvo como un artista comprometido con la denuncia social. Su siguiente disco, Cuckooland (del 2003), fue un manifesto del desconcierto generalizado ante el nuevo desorden mudial. Cuatro años después llegaría Comicopera, que siguió al álbum de cóvers Nothing Can Stop.

Comicopera fue el noveno disco de su carrera como solista y todo un tratado de jazz fusión confesional (por eso la Orquesta Nacional de Jazz de Francia le dedicó un disco tributo en 2009). Los textos pertenecen a su esposa. Con él, como con cada disco, Wyatt confirmó ser un género en sí mismo y su voz (en tres idiomas: inglés, italiano y español), a la que el japonés Ryuichi Sakamoto definió como “el sonido más triste del mundo”, continuó siendo ese lamento ahogado y quebradizo que habla de la experiencia vulnerada, con reflexiones sobre el amor y la pérdida, de la vida y la identidad, de la intimidad del artista.

Comicopera es un álbum relevante por sus letras, por el intrincado tejido musical y por su listado de colaboradores: Brian Eno, Paul Weller, Phil Manzanera y Mónica Vasconcelos, entre otros. Wyatt logra con él un fresco del andar cotidiano y lo trata con la misma descarnada sinceridad de siempre, con arte. Ícaro que describe su picada.

 

 

Un comentario en “Robert Wyatt: Ícaro en picada

  1. La pobreza, la miseria, la muerte, cosas que inspiran los sonidos mas tristes del mundo. El inmenso Robert Wyatt aparece en el DVD de David Gilmoure recitando una cancion de Pink Floyd, creo que es Comfortbly Numb y de verdad le cambia el espiritu a la cancion, de una rola melancolica, la vuelve un himno a la desesperanza, grandioso, para un mundo que se desbarata en la podredumbre.