John_ZornPor David Cortés

En ocasiones, al mirar al pasado, es inevitable no sentir cierta nostalgia por aquellos tiempos cuando los sellos discográficos eran realmente importantes, imprescindibles. Hacerse una identidad, tanto en el sonido como en el diseño, y mantenerla no era sencillo. Virgin Records, 4AD, Factory, entre otros, marcaron los caminos a seguir. Afortunadamente, en medio de las descargas y de la proliferación de blogs a los cuales puede uno acudir para bajar música, todavía encontramos sellos independientes en los cuales el denominador común es el amor y la pasión. Sólo a partir de eso puede entenderse que sigan vivos.

Sirvan las líneas anteriores como introducción para hablar de Tzadik Records, la discográfica creada por el saxofonista John Zorn en 1995 y que próxima a cumplir quince años, ya supera los cuatrocientos títulos. ¿Por qué Tzadik y no otra compañía? Tal vez porque cuando otros sellos han tendido al eclecticismo para sobrevivir, aquí las líneas originales con las cuales naciera aún se mantienen imperturbables. También porque cada una de sus series (Archivo, Nuevo Japón, Música de Cine, Cultura Radical Judía, entre otras) es como una caja de Pandora en la cual las sorpresas resultan interminables.
El catálogo de la compañía es avasallante. Allí están varios de los nombres, viejos y nuevos, vivos y desaparecidos, que han dejado una verdadera impronta en la música. Compartamos algunos de ellos para tener una idea: Fred Frith, Marc Ribot, Derek Bailey, Mono, Keiji Haino, Paola Prestini, Jessica Pavone, Ikue Mori, Masada, Wadada Leo Smith, Anthony Braxton, Evan Parker, Jamie Saft.

En realidad, Tzadik las más de las ocasiones funciona como catalizador. Si bien en el sello hay algunos habituales, músicos considerados “de casa”, muchos de ellos entran allí —más bien pasan— para impulsar, para catapultar su carrera. No importa la razón, los resultados siempre son bienvenidos y estimulantes.

http://www.youtube.com/watch?v=gk8IOLyMf1A

Decíamos atrás que sólo como un acto de amor y pasión puede subsistir la identidad de un sello. En el caso de Tzadik, añadamos la erudición, el cariño y el conocimiento de su productor ejecutivo. Zorn no sólo tiene un afinado oído para atisbar los sonidos del futuro, también conoce el pasado y ha hurgado en él para extraer un caudal de música que, de otra manera, estaría olvidada y a la espera de otra mano amorosa que la sacara del ostracismo.

Incluso aunque Tzadik funcionara como un sello en exclusiva para Zorn, la obra de éste, en solitario y en diferentes agrupaciones, sería suficiente para respaldar su existencia. Por si esto no fuera suficiente, ahora la compañía ha abierto una división de libros en la que se han editado hasta el momento cuatro volúmenes de Arcana, “la —según Anthony Braxton— fuente más vital de información relevante de música creativa en la apertura transicional del tercer milenio”. Nuevamente, como en el caso de la música, la lista de colaboradores en cada uno de estos libros es sorprendente.

Escuchar la totalidad del catálogo de Tzadik tomaría cerca de cuatrocientas horas, habría que emplear casi diecisiete días sin interrupción para oír una sola vez cada uno de estos discos. Sin embargo, para asimilarlos tal vez sea necesario invertir toda la vida. En una visita a México, Zorn dijo que no era problema suyo, que no le importaba la gran cantidad de material editado en Tzadik (la gula del melómano es su propia responsabilidad), y tiene razón; tampoco es necesario escuchar todos los discos, pero la puerta a la que se toque, invariablemente estará marcada por el asombro, la calidad y la imaginación. Visto así, no importan los demasiados discos.