the-silversun-pickupsPor Erick Estrada

Eco 2.
Silversun Pickups.
Escenario: Lands End.
Viernes 4:15 pm.

“Somos una banda de una ciudad, no muy lejos de aquí, a la que ustedes suelen odiar”, dijo Brian Aubert después de la segunda canción de su concierto, ese viernes, en el Outside Lands. Después agregó dos muestras del poder del grupo consentido de Los Angeles (en este momento) y del sonido que muchos han comparado ya con el de los finalmente malogrados Smashing Pumpkins (hay quienes se atreven a afirmar que las iniciales de las dos bandas, SP, son las mismas de manera intencional), pero que al verlos interactuar, interpretar y sacar alaridos de las guitarras, demuestran mayor influencia de los Pixies (escuchen “Surrounded”). Justo así se movieron ese viernes en el escenario principal, como unos pequeños duendes escandalosos y mal hablados.
Ahí, finalmente frente a nosotros, la evidencia de su sonido era tal que el fantasma de los Smashing Pumpkins se desvaneció, especialmente con las canciones del nuevo disco y el bajo poderoso y muy profundo de Nikki Monninger, quien lanzaba su admiración y admitía entrenamiento espiritual de parte de Kim Deal, al golpetear las cuerdas y evitar la maniobra guitarrera en un instrumento que en estas canciones recupera espacio, integridad y dignidad. Es decir, Monninger hace muuuucho más que los coros, muchísimo más.
Después están los tambores, vivos y deslumbrantes, con una lucidez tal que desentona con la cabeza de Chris Guanlao, quien agita la larga cabellera como si tocara heavy metal. Eso nos entrega la batería, un heavy metal aletargado y revoltoso, pero con todos los ingredientes que una buena canción debe tener en un grupo de metal. ¿Ejemplos? Hay que escuchar en persona “Weel Thought Out Twinkles” (con todo y bajo, por supuesto) que en esta presentación se alargó mortalmente, con decibeles realmente groseros y abusivos, seguida quizá de “Future Foe Scenarios” o “Panic Switch”, explosiva y burbjeante cualquiera que haya sido.

Ahora que hablamos de burbujas, este concierto de los Silversun Pickups funciona justo así, con esquema de burbujas en un conjunto alucinante. Cada tema empieza abajo, casi susurrante, hasta que la guitarra y esa batería metalera se apoyan en el bajo para dar un salto e inflar la canción, la cual crece acústicamente hasta que puede alojar los gritos ahogados de Aubert que a su vez reimpulsan a la canción, al inyectar más zumbido y aire a lo que escuchamos. La guitarra, los teclados, el bajo y la batería ocupan posiciones equidistantes y desde su sitio engrosan los ruidos y los acordes que han navegado toda la pieza. Es una construcción casi épica que se sucede y hace del concierto en su conjunto una experiencia similar y que provocó que “Draining” se transformara por completo de la versión en el álbum, a una maniobra de alto riesgo en el escenario que daba la espalda al océano.
Al final, después de miles de canciones más que se alargaban lo suficiente para ver crecer un árbol (“Three Seed” sonó tan inspirada y ruidosa que daba miedo), de que sus guitarras se desbocaran una y otra vez en ejercicios épicos (que tampoco tienen algo que ver con Muse, para aquellos que lo hayan temido), llegó una nueva declaración a manera de agradecimiento: “Estamos muy contentos de tocar aquí en San Francisco y agradecidos de las oportunidades que un festival como este brinda. Hoy pudimos ver a una de las mejores bandas que han existido en la historia de la música, Built to Spill y queremos decir que los admiramos y que sí, son el mejor grupo en el mundo”.
Después, el cierre-encore (la canción duró más de ocho minutos sacados de sus 5:54 originales, tan rasposa y llena de pólvora que era como ver a los Pixies sonreirse, a sabiendas de que lo que sigue es un salto suicida), una versión eterna de la canción que los colocó en los cuernos de la luna y que, con todo y su poder desmesurado, su popularidad, su nivel y sus jugueteos melódicos, no fue la mejor de esa tarde. Así es, señoras y señores, esta banda tiene futuro.
Como sabían que tenían que cerrar con su gran hit, a fin de complacer tanto a los melómanos como a quienes los conocemos desde que salieron del lodo, enterados del mercadeo de los festivales, entendiendo el juego entre un público tan heterogéneo como la misma ciudad de San Francisco lo es, “Lazy Eye” sonó tan diferente a ella misma que hasta puedo decir que hubo cierto desprecio en su ejecución. La relación amor-odio perfecta.
Silversun Pickups. Por favor, no les pierdan la pista. Hoy les dejo de tarea escuchar “Catch and Release”.

Post Data: Lo mejor de toda esta tocada es que, humildemente, los cuatro autografiaron mi disco.