btsPor Erick Estrada

Este año, a finales de agosto, se llevó a cabo la segunda edición del Outside Lands Music & Arts Festival en la progresista ciudad de San Francisco, California. Con sus aciertos y sus errores (es un festival aún muy modesto), ofreció números realmente entrañables. Mi misión es recuperar un poco de lo que vi y escuché, por medio de reseñas basadas en la memoria, a más de un mes de distancia. Evitamos así la visceralidad y evocamos a la nostalgia por un festival que pinta para llegar lejos.

Eco 1.
Built to Spill.
Escenario: Lands End
Viernes, 2:30 pm

Muchos dijeron que el festival arrancaba con ellos, aunque Los Campesinos! habían iniciado su número al mismo tiempo. Otros tantos dijeron que la escasa asistencia a su presentaciónn era la señal de que eran una banda de (o)culto y de que el Outside Lands presentaba a algunas joyas escondidas en el medio día de un fin de semana muy caluroso en San Francisco. Yo solamente pensaba que si la intención de ponerlos a esa hora (a pesar de tratarse del escenario principal) era regalar joyas al público, mejor hubiera sido agendarlos más tarde, para que la gente que llegó después de trabajar disfrutara de una de las mejores tocadas que he visto en mi vida. Un poco de respeto, vamos.
Cada canción que Built to Spill se aventaba, en persecución de la extraña voz de Doug Marstch, se convertía en un monumento a la guitarra eléctrica y al ruido de concreto reventado que se puede sacar de ella con un poco de voluntad y un mucho de inspiración. Ahí estaba el dolor urbano de ciudad extraña. Ahí estaba la voz que se lamenta sin lloriqueos inecesarios. Ahí estaba el sonido de la independencia noventera, ahora perdido en medio de nombres que creen decir mucho y música que dice absolutamente nada. Lo afirmo porque hay bandas que han domesticado al casi gamberro sonido de estos músicos y lo venden como si se tratara de los gritos de dolor llegados de hace diez años.

BUILT TO SPILL. “STAB”. OUTSIDE LANDS, SAN FRANCISCO, AGOSTO 28, 2009

No. Los integrantes de Built to Spill siempre fueron más honestos y eso se escuchaba en ese escenario, con un sol potente que ensombrecía sus ojos, los cuales se perdían en el horizonte como los zumbidos de sus instrumentos, mientras retroalimentaban no sólo a los micrófonos sino a esa nostalgia del no-quiero-volver-a-verte que hay en sus canciones.

Entre tanta guitarra y tanta maniobra en las cuerdas, era casi imposible decir cuándo terminaba una canción y cuándo comenzaba la otra, pero era el sentimiento electrificado lo que estaba poniendo a la gente a tono e hipnotizaba a los pocos-mil que estábamos ante ese escenario, quienes demostrábamos a los que ya desde esa hora esperaban a Pearl Jam que al lado del grunge de Seattle hubo otro sonido, mucho menos internacional pero profundamente estadounidense. Ahí estaba todo: jugando con las bocinas y emparejando el terreno, sacando polvo de la batería que se desintegraba en esa lentitud de guitarras de plomo que caminaban en el escenario. Era un desfile de elefantes sabios, tan sabios como para aceptar un horario muy incómodo en un festival que se realizaba apenas por segunda vez.
Muchos dijeron, después de que terminaran, que merecían haber tocado más tarde. Yo creo que verlos así, plenos y ensimismados, fue, efectivamente, la primera joya del Outside Lands, porque después los Silversun Pickups, Incubus y Pearl Jam confesaron ante muchos-más mil que sin Built to Spill, su música no sería la misma. Al final llegaba el respeto.
Y era apenas el primer día.