TherionPhotoPor David Cortés

La fusión no es nueva y las dificultades para cristalizarla tampoco, pero las intentonas persisten. A partir de 2001, en Hungría tiene lugar el Miskolc Opera Festival, instituido para estimular la cooperación cultural entre los artistas húngaros y los de la Comunidad Europea. Centrado en Béla Bartok y “otro compositor invitado”, el festival impulsa principalmente a la música clásica y contemporánea, pero desde hace un par de años le ha abierto espacio al rock pesado y a la mezcla de éste con la música de concierto.
  Therion es una agrupación originaria de Suecia que del metal más crudo y escabroso evolucionó a una fusión de sonidos clásicos, tintes góticos, música coral, heavy metal y progresivo sinfónico. Se trata de una banda emblemática, un grupo que marcó la pauta y, sin abrazar totalmente a la bandera del rock progresivo, sí se hizo de sus excesos: virtuosismo, rimbombancia, monumentalidad.
  Antes que Nightwish, Stratovarius, Epica o Rhapsody, Therion trató de encontrar el grial que Deep Purple buscó en su Concerto for Group and Orchestra —y perseguido por otras agrupaciones, entre ellas Metallica—: el justo medio entre una orquesta sinfónica y un ensamble de rock. A diferencia de los ingleses que abandonaron parcialmente la empresa, los suecos han persistido en la búsqueda desde 1997, cuando sentaron las bases de su sonido actual en el álbum Theli. En ese camino, los hemos visto crear obras tan ambiciosas como Lemuria y Siriuz B, en las que un punto sobresaliente fue la inserción de una orquesta sinfónica.
  Paradójicamente, Christofer Johnsson, mente maestra detrás de la agrupación, ha sido capaz de concebir en su cabeza esa conjunción de sonidos, pero nunca la había escuchado o tocado en directo hasta junio de 2007, cuando sus huestes invadieron Miskolc. La noche quedó registrada en un álbum doble (que incluye DVD) titulado The Miskolc Experience (Nuclear Blast, 2009). Johnsson, finalmente alcanzó una meta: “Mi sueño como compositor siempre ha sido el de presentar mis obras en vivo, acompañado por una enorme orquesta y coro, pero los arreglos monumentales y los recursos financieros para llevar a cabo esto no estaban disponibles”.
  Además de escuchar cortes clásicos en la discografía de Therion (“Blood of Kingu”, “The Rise of Sodom and Gomorrah”, “Sirius B”), otro de los atractivos se encuentra en la interpretación que el cuarteto hace a composiciones de Mozart, Wagner, Verdi, Dvorak y Saint-Saens. Sí al heavy metal en Miskolc, pero si éste funciona como un vaso comunicante.
  ¿Cómo impedir el predominio de lo eléctrico sobre lo acústico? ¿Hay formas de apaciguar el ego del superestrella de rock y hacerlo entender que no es necesario tocar siempre? ¿Existe el valor del silencio dentro del rock? ¿Hay posibilidades de respetarlo? Therion trató de responder a estas preguntas en su set y estuvo cerca de lograrlo, aunque hay momentos carentes de luz en los cuales impera la supremacía del rock y se niega el carácter acústico de la orquesta.
 Técnicamente, The Miskolc Experience dista de ser perfecto. El punto de equilibrio no existe, aun cuando hay instantes en que se hace presente. Therion dio un paso importante para lograrlo y Epica siguió sus pasos al año siguiente en el mismo festival —plasmado en el disco The Classical Conspiracy (Nuclear Blast, 2009)— y aunque ha quedado demostrado que ambos mundos no son irreconciliables, todavía hay camino por recorrer para encontrar ese justo medio, esa medida que permita hablar de una simbiosis y no de un cuerpo apolíneo coronado por una cabeza deforme.