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Por Tatiana Maillard

Este no es un noveno disco en la carrera discográfica de Iraida Noriega, es “una aventura”. Por lo menos así se afirma en el booklet de Ven conmigo, álbum de mezclas singulares en el cual converge el ambiente de un concierto con el rigor de una grabación de estudio, misma en la que se registra hasta el denso silencio de un público que apenas si se atreve a toser para no interferir; pero una vez que éste entra en confianza, manifiesta su presencia con aplausos y no falta hasta el anónimo que registra su voz en la grabación, al exigir a grito pelado el cambio que le debe el mesero del Papa Beto, bar jazzístico donde se grabó este material durante tres noches seguidas, en octubre de 2007.
  Si dejamos a un lado la romántica afirmación de la aventura, lo que hallamos es un disco de cadencias en el cual la voz de Iraida inunda el espacio (el del Papa Beto, en una lejana noche hace dos años atrás, y el de cualquier habitación donde el reproductor de CD extraiga música en cada giro de este disco). Un material en el que la libertad que alimenta a la improvisación jazzística se hace presente en temas como “I’m Gonna Go Fishing” de Duke Ellington y Peggy Lee o “Ven conmigo”, original de Guadalupe Galván, lo mismo que canciones de la autoría de la propia cantante, como “Me quiero bajar” o “Donde yo canto”.

Su voz la coloca como una de las intérpretes de jazz más importantes en la escena mexicana. Sin embargo, en el habla cotidiana su tono se asemeja más al de una chava banda de treinta y siete años que en sus frases incluye muchas ondasvibrasmal pex y hartos chidos y chales. Auténtica y franca, no tiene empacho en decir que en las entrevistas no le gusta hablar de sí misma sino de su música, herencia de su padre, el jazzista Freddy Noriega. Quizás hablará un poco de aquello en lo que encuentra inspiración, pero enseguida volverá al tema de la música con un rotundo “No me late hablar de mí y de lo que pienso”.  

Ven conmigo

  “Es muy triste lo que voy a decir, pero le fluyo más fácil en el azote que en el ¡yeah!”, de ahí los tintes poco optimistas de una de las canciones de este disco, la ya mencionada “Me quiero bajar”. “Tampoco significa que no tenga estabilidad: mi rango anímico es oscilatorio pero jamás abandono mis causas”.

  Una de esas causas fue precisamente la realización de este álbum que desde febrero de 2009 circula en tiendas de discos y que sí, sí es una aventura y así lo afirma Noriega de nueva cuenta:
“Para grabar este plato tratamos de movernos en un punto intermedio entre algo producido en vivo y algo hecho en un estudio, donde por cierto, se guarda silencio entre canción y canción. Por eso fue curioso que el primer día de grabación, después de la tercera rola, alguien gritó preguntando si se podía aplaudir. No había previsto eso. En efecto, nos aventurábamos a entrarle a algo que no conocíamos, pero que fue tomando forma conforme pasaron los días de grabación”.
  Aventura, viaje sonoro y la libertad hecha música se combinan con el sonido que Israel Cupich en el contrabajo, Luis Mario Rivera en la batería y Nicolas Santella en el piano imprimen a Ven conmigo, material que genera sensaciones similares a las que se despiertan cuando uno departe con los amigos en un ambiente íntimo, entre luces tenues, unos tragos… y algún presente que exige su cambio.