mayo 15, 2013

Apparat: el DJ como oficiante

Por Sergio Monsalvo C.

Berlín es la capital del techno por derecho propio. Lo ha sido desde hace cuarenta años, cuando surgió la Escuela de Berlín de Música Electrónica con Tangerine Dream, Klaus Schulze y Ash Ra Tempel a la cabeza, entre otros. Su influencia traspasó las fronteras alemanas y se convirtió en un género internacional con muchos derivados, experimentos y evolución.

Dicho género tuvo una de sus culminaciones en tal urbe la primera década del siglo XXI, con el encumbramiento de la figura del DJ como oficiante del movimiento y con el afamado festival Love Parade, como manifestación cultural y política, el cual llegó a reunir –en su mejor momento– a un millón de asistentes en las calles, hasta que el gobierno de la ciudad le cambió el status de “manifestación” por el de “evento comercial”, circunstancia que lo obligó a disgregarse por el territorio alemán hasta un fatal accidente tumultuario que acabó con él.

La salida del Love Parade significó una crisis para Berlín, ciudad que dejó de percibir la derrama económica que el fenómeno producía, y también fue sumamente lamentable para los DJ, quienes convocaban a cientos de miles de fanáticos en cada emisión del evento.

A pesar de tales circunstancias, los DJ berlineses continúan con su tarea al desarrollar sus diversas propuestas estéticas. Tales son los casos de los sobresalientes Paul van Dyk, Sven Väth, DJ Illvibe, Boys Noize, Nic Chagall, DJ Hell, Apparat, et al.

Este último ha crecido en nombre y propositivamente, con una obra que evoluciona y trasciende sin cortapisas. Desde el púlpito de lugares como el celebérrimo club Berghain o el Tresor, dicho DJ ha cumplido con ambas cosas y su futuro es más que promisorio.

Apparat es el nombre con el que actúa Sascha Ring, un músico, productor y DJ berlinés que nació el 27 de junio de 1978. En sus actuaciones utiliza lo mismo una laptop que teclados electrónicos o guitarra y percusiones programadas. Se ha mantenido activo desde 1996 hasta el presente, con poco más de media docena de apreciados álbumes en su haber: de Multifunktionsebene a The Devil’s Walk, pasando por Trial and Error, Duplex, Walls y los comunitarios Live, DJKiks y el muy celebrado Orchestra of Bubbles (en colaboración con Ellen Allien). Eso en lo sucinto.

En lo estético, comenzó dentro de la corriente techno “orientada a las pistas de baile”, para luego dar el salto al ambient y finalmente, en una tercera etapa, convertirse en un ilusionista sonoro, en un diseñador de sonidos bajo el rubro tanto del glitch como del IDM. Es decir: de lo abstracto a lo preciso y de lo monocromático a lo colorido. Así ha evolucionado Sascha Ring a lo largo de casi dos décadas, produciendo sonidos tan introspectivos como cautivadores.

El ambient ha sido usado por él como fuente de renovación constante; como un puente entre la experimentación sin concesiones y los esquemas de utilidad como DJ, plataforma sonora que genera, con elementos de ambos, un espacio propio con intenciones de alta decoración. Texturas suaves y sensaciones positivas para hacer que el escucha se envuelva en atmósferas de lugares cálidos y exóticos, aceptando la dilatación del tiempo, o con ese glitch forjado en la cantera berlinesa, poco dada a lo incierto y sí a lo tangencialmente trance, al miniaturismo electrónico y a la tridimensionalidad espacial.

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Ahora, básicamente, se encuentra en el llamado techno inteligente (IDM, por sus siglas en inglés), el de consumo individual y bien pertrechado en las huestes de quienes buscan la liberación de los bpms. Con ello ha creado un “organismo no natural” que devora y recicla estilos con un oscuro sentido del humor. Apparat echa mano de ello como un auténtico diseñador de urdimbres y evocaciones. Sus temas resultan en melodías de trazo accesible, beats claros y estructuras de querencia pop. Un todo que conforma su reconocida unidad inquebrantable.

Apparat es un oficiante de la sonoridad, un personaje que se mueve por todos estos escenarios y un fenómeno en evolución del siglo XXI que está muy consciente de que todo es aplicable a la cultura del club sin perder un ápice de sus retos a futuro.

 

marzo 30, 2013

Las Islas de Wild Belle

Por Alejandra Tovar

Aunque no suena a algo nuevo o demasiado original, la verdad es que Wild Belles, el proyecto musical de los hermanos Elliot y Natalie Bergman, ambos nativos de la ciudad de Chicago, ha producido un disco delicioso, cálido, delicadamente provocador y deliciosamente divertido. Con un estilo que mezcla al reggae con el folk, el dance y el pop sesentero, Isles es una colección de once temas irresistibles en los cuales los arreglos coquetean de pronto también con el funk y la música africana (no en balde, Elliot Bergman es el líder del grupo NOMO, especialista en fusionar al rock con los ritmos de África). La voz de Natalie es sensual y sugerente, con un timbre y una intención que recuerdan a la gran Róisin Murphy en sus días con Moloko. Hay también algo del desparpajo de Amy Winehouse en ella, sobre todo en cortes como “Keep You”, “Shine”, “Backslider” y “When It’s Over”. Mención especial merece el saxofón de Elliot, rasposo y puntual. Un disco perfecto para ahora que empiezan los días de calor.

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marzo 28, 2013

El mensaje de Johnny Marr

Por Hugo García Michel

Reconocido principalmente por ser uno de los dos fundadores de los Smiths (¿necesito decir que el otro fundador es Morrisey?), en realidad la labor musical de Johhny Marr va mucho más allá.

A sus casi 50 años (nació en Manchester, Inglaterra, el 31 de octubre de 1963), este notable guitarrista ha colaborado lo mismo con los Talking Heads y los Pretenders que con Modest Mouse y Kirsty MacColl, pero sobre todo formó parte de uno de los grupos menos valorados de la historia del rock, el fantástico The The, al lado de Matt Johnson, y del supergrupo Electronic, en el que compartió estelares con Bernard Sumner (New Order) y Neil Tennant (Pet Shop Boys).

No deja de extrañar que con una carrera tan larga (formó a los Smiths en 1982), sea hasta ahora, 31 años después, que Marr ponga en circulación su primer álbum como solista, el espléndido The Messenger (New Voodoo, 2013).

Hay mucho del estilo original de Johnny Marr en este disco. Uno podría imaginar algunos de los temas (como “European Me”, por ejemplo) con la voz de Morrisey. No obstante, sin demérito alguno, la voz de Marr suena más que bien y las doce canciones que conforman el compacto funcionan a la perfección.

No estamos frente a un trabajo nostálgico que pretenda recapturar el clásico sonido smithsoniano. Por el contrario, lo que tenemos es una especie de muestrario de los estilos que el guitarrista ha visitado a lo largo de su trayectoria y eso incluye tanto los riffs y armonías de su instrumento como los beats electrónicos y los ritmos dance, cosa esta última que resalta en composiciones como “Word Starts Attack” o la homónima “The Messenger”.

Hay otras canciones destacables, como las rocanroleras “Lockdown”, “Upstarts” (¿me equivoco o hay algo de Joy Division en ella?) y “The Right Thing Right” (perfecta pieza abridora del disco).

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The Messenger es un álbum lleno de detalles, de filigrana, de tejido fino. Johnny Marr demuestra aquí cuánto le debió la música de los Smiths a su talento, aunque los mayores créditos se los haya llevado Morrisey.

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